El comienzo de algo no muy bonito
Septiembre de 2000
—Papi… — dije mirándole con el ceño fruncido
— ¿Sí? — respondió con una mueca de diversión, mientras mantenía la vista en la carretera
— ¿A dónde vamos?
— Es una sorpresa, cariño. Aguanta un poco más que ya casi llegados— Vale… —respondí resoplando y hundiéndome más en mi asiento. De repente se me vino una idea a la cabeza — ¿no me llevarás a otro partido de béisbol, verdad? —pregunté enfurruñada.
Mi padre, apartando un segundo la vista de la luna, me miró y al ver mi cara de súplica no pudo resistir reírse y revolverme el pelo, lo cual no me hizo ni pizca de gracia. Yo no era una niña pequeña
— Claro que no, pequeña bateadora— le miré mal, no me gustaba para nada ese apodo y él lo sabía —. No vamos a un partido; tenemos que ir a la cafetería “The Sun Bells”
Sonreí contenta por la noticia.
—Papá — le volví a llamar y me sonrojé por temor a que se enfadara
— ¿Qué duda tienes ahora pequeñaja? — preguntó entre risas mi papá.
— ¿Por qué a la cafetería le pusiste ese nombre? No tiene sentido el nombre de Sol Campanas… ¿O si?
— Pues haber… ¿Cómo te lo explicaría? Mira, cuando compré el local, tu mamá y yo estábamos ya casados y solo faltaba un par de meses para que tú, mi princesita, nacieras — me reí — A mamá siempre le había gustado el nombre de Isabella, y como tú eras y eres lo más importante para nosotros decidimos ponerle ese nombre. Aunque más bien a mamá no le costó nada convencerme; ya sabes que siempre hacía cualquier cosa por ella
La verdad es que tenía razón. De los pocos recuerdos que tenía de mi madre, una mujer guapa, de cabello rubio castaño y soñadores ojos azules era que siempre lo que ella le pedía a mi padre, éste no se lo podía negar. Lo más triste de todo es que ese era uno de muy, pero que muy pocos recuerdos que tenía de ella. Aunque claro, ¿cómo una niña de casi 7 años va a tener recuerdos de su mamá, cuando ésta había fallecido a sus 3 años?
Volví a mirar por la ventana del coche y suspiré. Aunque papá y yo nos queríamos mucho, ambos éramos muy tímidos y de un carácter poco hablador. En casa, muchas veces siempre estábamos en silencio pero nunca era incómodo. Papá era genial porque me dejaba mi espacio y sabía que yo ya era mayor.
La cafetería estaba apenas 15 minutos en coche de casa, y con el coche de papá se llegaba mucho más rápido. Me encantaba. Era un Cadillac Convertible azul ya gastado. No sabía lo viejo que era, pero ya no se veían coches como éstos.
Atravesábamos Londres a una velocidad increíble, y me encantaba cómo se sentía el viento en mi rostro. Era impresionante. Vivíamos en una zona bastante cerca del barrio en donde estaba Buckingham Palace, y ya había ido a visitar la casa de la reina el año pasado con el cole.
En apenas 5 minutos llegamos a la cafetería de papá. Al aparcar, papi me besó en la mejilla y se bajó del coche. Al llegar a mi lado, me cogió a caballito y corrió, literalmente, hacia la puerta de entrada. Cuando llegamos a ella, me bajó de su espalda. Lo miré dudosa, ¿por qué no habría la puerta?
-Anda Bella, ¿por qué no le haces el favor a papá de abrir la puerta por él? Creo que me está pasando factura el llevarte a caballito, cariño.
Me sonrió paternalmente y me despeinó el pelo, haciendo que yo le bufara. ¡No soportaba que me tratara como a una niña pequeña!
El mango de la puerta sobrepasaba mi altura, por lo que tuve que ponerme de puntillas para poder al mango, girarlo y adentrarme poco a poco en el interior, el cual consideraba mi segundo hogar.
Que extraño, pensé, ¿por qué las luces están apagadas?
-¿Y las luces?- pregunté incrédula, girando la cabeza en la dirección en la que creía que estaba mi padre.
En ese mismo instante, las luces volvieron a hacer acto de presencia iluminando toda la estancia, permitiendo a mis ojos ver lo que había a su alrededor: me quedé clavada en mi sitio al poder ver como todo la cafetería estaba a rebosar de la gente que era parte de mi vida. Y de decoración se veía a simple vista una pancarta que ponía "¡Feliz 6º Cumpleaños Bella!"
-¡Feliz cumpleaños Bella!- gritaron todos a coro, haciéndome tener ganas de llorar.
Llevé mis manos a mi rostro, sin poder evitar llorar de alegría y reírme por lo nerviosa que me sentía. Salté de alegría, corrí a abrazar a mi padre, echándome encima suyo y le besándole sin cesar en la mejilla.
-¡Gracias papi, gracias, gracias, gracias, gracias! ¡Te quiero muchisisisisisisisisisimo!- le agradecí con todo mi corazón.
Papá no pudo parar de reírse y me alzó en sus brazos, haciendo reír a todos los presentes y haciéndome sonrojarme y querer que la tierra me tragara hasta el fondo.
Rápidamente salté de nuevo al suelo y corrí hasta llegar donde todos los demás. Sonreí al ver a todos mis amigos y familiares: a mi querida Esme, la camarera jefe de la cafetería- papá a veces bromea que ella es la verdadera jefa del negocio; su marido Carlisle, quién no trabajaba aquí pero no importaba porque era mi pediatra y al cual quería también muchísima; Billy era el cocinero que siempre estaba sonriendo y, cuando tenía un rato libre, me contaba historias sobre su tribu los Quileutes, un grupo de gente del noroeste de Estados Unidos; Sue era otra camarera más pero igual de querida por todos; Harry, el marido de Sue y el ayudante de Billy; Quil era otro camarero... Y luego estaban mis amigos: Alice, mi mejor amiga, que era de pequeña estatura; Rosalie, y como su nombre era difícil de pronunciar la llamábamos Rosy; Jacob aunque le decimos Jake; Lizzie, una compañera del cole…
Me acerqué corriendo a toda prisa a donde estaba Esme y la abracé con todas mis fuerza
-¡Hay mi niña, feliz cumpleaños mi vida! – me estrujó entre sus brazos
-Gracias tita Esme- dije contra su pecho, sonriendola.
Alice y Rosy se nos acercaron y cuando solté a Esme las dos a la vez me abrazaron fuertemente, gritando a la vez:
-¡Feliz cumple, Belly-Bells!
-¡Gracias chicas!- dije emocionada- sois las mejores
Poco a poco la gente me fue felicitando y yo con cada persona me iba alegrando cada vez más. Me llevaron a la mesa que había el pastel y pude ver cómo papá no desaprovechaba ni un solo día, ya que ya había clientes comiendo las deliciosas recetas de Charlie Swan. ¿Pero quién se resistiría a no comer y venir a esta maravillosa cafetería?
Todo iba maravillosamente, la gente no paraba de reír y se escuchaba el repertorio de mis canciones favoritas. Yo estaba ilusionada y, cuando todos empezaron a cantarme la canción del cumpleaños feliz, empecé a llorar de felicidad
-¡Venga hija, deja esas lágrimas de cocodrilo y pide un deseo!- me animó Esme, dando palmadas a coro con todos los demás.
Miré pensativa las velas del pastel sin saber qué pedir. ¿Qué deseo podía pedir? Tenía un padre maravilloso que me quería, unos amigos y una familia increíble. Sonreí y soplé las velas, pidiendo mi deseo.
Ojalá que todo siga como hasta ahora.
Elevé la vista tras soplar las velas, oyendo como todos coreaban mi nombre y chillaban de alegría. Pero al mirar al frente, encontré a mi padre sujetando a una mujer que se había estado a punto de caer. Los ojos de mi padre estaban clavados en esa mujer, con un destello de luz que hasta ahora no les había visto; y la mujer le miraba de la misma forma.
-Esto no me gusta…-susurré para mi misma.
Muy lindo!! Apenas voy entrando a tu blog y me gustó mucho!! <3
ResponderEliminarSeguire leyendo esta historia y ojala k pueda leer las demás que tienes :)