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sábado, 7 de julio de 2012

"Divina Tentación" Cap.27

Capítulo 27: La Confesión

Pasar la noche en brazos de Edward se estaba volviendo cada vez más cotidiano, para nuestro gran deleite. Tras batallar por un rato más, finalmente logré conciliar el sueño. Por supuesto, solo lo conseguía por lapsos cortos de tiempo, así que cuando me levanté a la mañana siguiente, unas sombras púrpuras rodeaban mis ojos.

Tenía miedo. Temía por Edward, por mis hermanos y por mí, en ese orden. Ahora que era casi un hecho que Tyler era un demonio, y que además había puesto su interés en mí, no sabía de lo que podía llegar a ser capaz.


Las notas en mi taquilla continuaron. A pesar de que yo sabía que eran de Tyler no había manera de comprobarlo ni de actuar en su contra, pues sus amenazas iban directamente hacia mi secreto. Esto iba más allá de un simple malentendido entre dos alumnos, y no había manera de que alguna autoridad escolar pudiera intervenir. Cumplía con mi parte de informarle a Jasper, pero él seguía en su postura de esperar hasta que fuese prudente para poder actuar. Además, no teníamos ninguna prueba contundente de la participación de Tyler en los atentados.

Había que esperar.

Sin embargo, mi resolución casi se va por el desagüe cuando encontré una nueva nota, solo que ahora estaba pegada en la puerta de mi casa.

El Ángel ha pecado, y el Ángel lo ha callado,
pero su secreto no muy bien ha guardado.

Al leer la nota, se me congeló el pulso, y las piernas comenzaron a temblarme espantosamente, al grado de que tuve que sostenerme de la puerta para evitar caer. Tyler había estado en mi casa, o al menos uno de sus seguidores nos había encontrado, y seguramente en este momento él ya sabría dónde vivíamos.

Entré rápidamente a casa, llamando frenéticamente a mis hermanos, sin obtener respuesta a cambio. Sabía que Jasper no había ido a la escuela, pues con uno de sus grupos iba a una excursión y había reprogramado la clase para otro día; Rosalie, por su parte, había asistido a un curso de capacitación de primeros auxilios, pero eso había sido por la mañana. Llegué a la cocina, y encontré una pequeña notita pegada a la nevera:

Isabella:
Jasper y yo hemos ido a Port Angeles a dejar las despensas al refugio de niños abandonados. He dejado tu comida en el horno, para que se mantuviera caliente hasta que llegaras a casa.
Trataremos de no dilatarnos demasiado.
Rosalie.

Respiré hondo, tratando de calmar a mi desbocado corazón. Era un hecho que Tyler, o alguien cercano a él, había tratado de delatarme ante mis hermanos. No sabía si la nota la habían dejado debido a su ausencia en casa, o como una manera cobarde de decirles la verdad sin hacerlo cara a cara.

A pesar de que solo habían pasado un par de horas desde que habíamos terminado las clases, opté por llamar a Edward para contarle lo que había encontrado al llegar a casa. Vino cinco después de colgar y, por supuesto, la noticia no le hizo ninguna gracia.

— Debí de acompañarte a tu casa —dijo, apretando los dientes.

— ¿Y tú cómo ibas a saber que Tyler iba a estar ahí? —traté de quitarle hierro al asunto, aunque por dentro la idea me aterraba cada vez más—. Además, tenías práctica con el equipo, y ya sabes que no me gusta que faltes a tus responsabilidades por mi causa.

— ¿Y si Tyler hubiera estado ahí cuando llegaras a casa? ¿Y si te hubiera hecho algo?

— Pero no pasó nada, Edward.

— ¿Tus hermanos ya han vuelto? —negué—. Bien, entonces creo que me quedaré aquí hasta que estén de vuelta. No me siento tranquilo cuando estás sola y que él pueda estar rondando por aquí.

Aunque no me agradaba la idea de que Edward se pusiera en riesgo por mí, la verdad era que tampoco me encantaba tener que esperar a mis hermanos completamente a solas. Tyler podía regresar, y quién sabe de qué podría ser capaz si me encontraba desamparada de cualquier apoyo. Además, significaba pasar un rato a solas con Edward, lo cual no me parecía para nada desagradable.
Decidí llamar a Rosalie para saber cuánto tiempo más pensaban tardar en venir.

— Lo siento, Isabella, pero me temo que estaremos aquí un rato más. Ha sucedido un incendio en una de las bodegas del centro, a un par de calles del refugio.

— ¿Crees que Tyler…? —ni siquiera me molesté en terminar la pregunta. La mera idea de que siguiera haciendo de las suyas era motivo suficiente para preocuparme por la seguridad de mis hermanos, así como de los inocentes habitantes del pueblo.

— Lo dudo, sinceramente. Uno de los trabajadores dijo que ha sido un accidente, provocado por un chispazo en la corriente de luz de una de las oficinas.

— ¿Necesitáis que vaya a ayudaros?

— No será necesario, créeme. Afortunadamente, el equipo de bomberos ha llegado justo a tiempo y ha logrado sacar a los trabajadores. Estamos aquí por si necesitan de algún tipo de auxilio, pero aparentemente son heridas leves. De cualquier manera, te mantendremos informada si necesitamos de tu ayuda.

— Vale, hasta luego —colgué.

— ¿Está todo bien? —preguntó Edward

— Sí. Ha habido un incendio en una bodega, pero parece que tienen todo controlado. De todas formas, hemos quedado que me avisarían si necesitan que vaya para allá —suspiré—. Mientras tanto, parece que tendremos la casa para nosotros solos por un rato.
— ¿Y tienes algo en mente para matar el tiempo? —ronroneó, abrazándome por la cintura y apoyando su cabeza en mi hombro.

Suspiré con satisfacción y rodeé su cuello con mis brazos, acariciando los suaves rizos de su nuca. Edward comenzó a dar lentos y sensuales besos en mi cuello y en mi hombro, mientras acariciaba mi cintura y la parte baja de mi espalda. Me fue guiando de espaldas por la sala, hasta que la parte de atrás de mis rodillas topó con algo, obligándome a quedar sentada sobre el mullido sofá. Sin apartar sus labios de mi piel, me fue recostando sobre la superficie, quedando sobre mí; a pesar de la posición, nunca dejó que el peso de su cuerpo quedara sobre mí, apoyándose con su antebrazo, mientras que la otra mano acariciaba mi cuerpo.

Sinceramente, en ese momento logré desconectar mi mente y me enfoqué únicamente en las sensaciones que él me provocaba. Lo sabía, pues en más de una ocasión se lo había demostrado. Me volvía loca de deseo y solo podía pensar en sus labios sobre mí.

— Sabes, hay algo que no puedo dejar de pensar —susurró contra el hueco de mi oreja, mandándome escalofríos por toda la espalda.

— ¿Y de qué se trata? —jadeé.

— En lo maravilloso que fue hacer el amor contigo en la playa. Aún trato de convencerme de que no fue un sueño.

— No tienes mucha imaginación a la hora de soñar, por lo visto —bromeé.

— ¿Es un chiste? —dijo con falsa indignación, mirándome intensamente a los ojos—. Creo que no he visto algo más hermoso que tú con tus alas desplegadas, disfrutando de ese momento que compartimos de intimidad. Podría morir en este momento, y sería la persona más dichosa que ha pisado la Tierra.

— Por favor no hables de morir —se me cerró la garganta—. La sola mención de eso hace que se me pongan los pelos de punta.

— No te preocupes, ángel —me besó suavemente en la frente—, no pensaremos en eso ahora. Así que… ¿por dónde íbamos?

Solté una risita, y lo tomé por la cara, acercándolo nuevamente a mis labios. Fue un beso hambriento y lleno de necesidad. Quería que supiera, a pesar de todas las pruebas tangibles que le había dado, que la sola idea de perderlo me ponía enferma.

Le rodeé la cadera con una pierna, acercándolo a mi cuerpo. Cuando nuestros sexos se frotaron, los dos gemimos de placer. Su agarre en mi cintura se hizo más férreo, y nuestros labios se volvieron más insistentes. Necesitaba sujetarme de algo, o de otra manera saldría volando, así que me aferré a sus brazos.

Edward empezó a acariciar mi cintura por debajo de la blusa, subiendo sus manos cada vez más. El calor en mi cuerpo era insoportable, así que sin pensarlo dos veces me incorporé para quitármela. Aparentemente entendió la señal, porque me ayudó a sacármela en un soplo de aire. De igual forma, ayudé a quitarle la suya, quedando casi en las mismas condiciones, a excepción de mi sujetador. Recorrí sus brazos y las depresiones de los músculos de su espalda, arañando de vez en cuando la piel que tenía a mi alcance. Sus labios lamían y mordisqueaban mi clavícula y mi cuello, haciéndome desearlo cada vez más.

Con cierta urgencia, nos quitamos mutuamente los vaqueros que traíamos, quedando en interiores. No era mi intención tener intimidad con Edward en la salón de mi casa, pero en ese momento decidí que no me importaría. Necesitábamos distraernos de todo el asunto de Tyler, y esta era la mejor manera de conseguirlo. El calor me invadió por completo, nublando mi mente y haciéndome más audaz. Me aventuré a acariciarlo por mi cuenta, sin necesidad de que él me lo pidiera, así que metí mi mano dentro de sus bóxers y toqué su miembro, haciendo que soltara un pequeño brinco de la impresión. Esto aumentó su insistencia, pues me arrancó el sostén de un tirón y bajó sus labios hacia mi pecho.

Amaba la manera en que lográbamos conectarnos al momento de hacer el amor. En un instante, los dos estábamos desnudos, listos y dispuestos. Se introdujo lentamente en mi cuerpo, logrando que disfrutáramos de las sensaciones, pero sin dejar de mirarme a los ojos. Era tan intenso y surrealista, y sobre todo con tantas emociones envueltas en ese momento. Entendí entonces a qué se refería con pensar que todo se trataba de un sueño.

Comenzó a mecerse lentamente sobre mí. Lo tomé por la nuca, atrayéndolo hacia mis labios. Nuestro beso fue lento y sensual, mientras las embestidas comenzaban a ser cada vez más profundas y rápidas. No sabíamos cuánto tiempo había pasado, pero no nos importó, pues lo único que queríamos en ese momento era sentir el amor que nos teníamos mutuamente. Cada vez que estaba con Edward, parecía que el mundo se detenía por completo.

Una vez que terminamos, nos quedamos un momento todavía unidos, simplemente besándonos y acariciando nuestros rostros. Con una tremenda lentitud, y a nuestro pesar, volvimos a colocarnos nuestras ropas, a excepción de la camisa de Edward, pues cuando ya estaba por colocársela, lo acerqué a mí para besarlo nuevamente. Parecía no tener suficiente de sus labios.

— ¿Isabella? —jadeó una conocida voz desde el umbral de la puerta, logrando que me paralizara en mi lugar.

— ¡Jasper! —solté un jadeó horrorizado, mientras Edward se apartaba rápidamente hacia el otro extremo del sillón. Me levanté de golpe y avancé hacia mi hermano, pero éste me detuvo alzando una mano.

Rosalie entró detrás de él, y se quedó congelada ante la escena que había frente a sus ojos. Sabía que no podía ni siquiera encontrar una excusa para lo que veían, pues ellos de inmediato sabrían que estaba mintiendo. Era demasiado obvio, incluso para el ser más despistado sobre la Tierra. Edward estaba sin camisa, sobre mí, estando solos en casa. Definitivamente, la conclusión de lo que estábamos haciendo brillaba como un neón sobre encima de nuestras cabezas.

— Puedo explicarlo… —empecé, aunque no tenía idea de cómo lo haría.

— ¿En serio puedes hacerlo? —dijo Jasper sarcásticamente, interrumpiéndome. Sus dientes estaban apretados, y parecía que estaba conteniéndose.

Mi hermano, que normalmente era una persona muy tranquila y pacífica, tenía una expresión de furia y dolor. Sabía que por encima de cualquier cosa, estaba profundamente decepcionado, y me merecía cualquier castigo que me impusiera, sin siquiera protestar. Rosalie, por su parte, estaba lívida; parecía que alguien le había atizado un golpe en el estómago, y no decía nada.

Había planteado un montón de escenarios en mi cabeza para poderles confesar la verdad a mis hermanos, pero en ese momento mi mente estaba en blanco. Sentía que me habían robado tiempo para poder pensar en algo coherente para decirles. No había justificación alguna para mis actos, y era plenamente consciente de las consecuencias que llegarían. Rosalie me lo había dicho en su momento: los humanos y los ángeles no podíamos tener ningún tipo de intimidad. Y sin embargo, yo había ignorado todas las advertencias y decidí arriesgarme para estar con Edward.

Sin otra alternativa por el momento, decidí que lo mejor era decirles todo de una buena vez. Me giré hacia Edward para pedirle que nos diera intimidad, pues ya podía ver el sermón que me diría Jasper, y no quería que él se viera involucrado en ésto. Sí, no había manera en que pudiera desligarlo de lo que había pasado, pues yo le había contado que podría pasarme si rompía las reglas, pero al final todo se resumía a mi irresponsabilidad, y él no tenía por qué ser culpable por mi pecado.

— ¿Te importaría dejarnos un momento a mis…? —empecé. Él entendió, porque ni siquiera había terminado la pregunta, cuando ya se había puesto de pie. Sabía que me discutiría antes de irse, conociendo ese espíritu de héroe salvador que cargaba consigo.

— Bella, no creo que…

— No —interrumpió nuevamente Jasper—. Edward, siéntate. Esto también te concierne a ti.

— Jasper, él no ha tenido la culpa de nada. Yo fui la que ha cometido una falta.

— ¿Ah sí? Pues por lo que vimos, Edward parecía muy dispuesto a ayudarte a cometer esa falta.

Los ojos se me empezaron a llenar de lágrimas, y la garganta se me estaba cerrando. Podía ver todo el dolor en mi hermano, y el tono de decepción. Siempre había tratado de hacer que se sintiera orgulloso de mí, y ahora le había fallado de la peor manera.

— ¡No vengas con lágrimas de cocodrilo ahora, Isabella! —alzó la voz.

— Sé que no merezco vuestro perdón, pero al menos permitidme que os explique todo, por favor.

— Creo que no hay mucho que explicar —siseó—. ¿Acaso piensas excusarte de alguna manera? ¿Piensas decirnos que no es lo que parece, o que es un malentendido? Porque creo que lo mejor sería que te callaras.

— ¿Cómo has podido ser tan irresponsable, Isabella? —habló Rosalie por primera vez, pero con evidente decepción en su voz, haciéndome sentir aún peor—. No quiero ni siquiera imaginar lo que hubiera pasado si hubiéramos llegado un poco más tarde. ¡Quién sabe qué locura hubieran cometido! No sabes cuánto me alegro de haberle insistido a Jasper que regresáramos.

“Entendemos que las hormonas están más activas durante la adolescencia, y no es por culparte a ti Edward, pero Isabella no controla del todo bien esa parte humana todavía, así que es normal que se haya dejado llevar. Pero si no los hubiéramos detenido ahora, creedme que la falta sería mucho mayor para ella.”

Fue entonces cuando las lágrimas abandonaron mis ojos, sin poder detenerlas. A pesar de la posición tan comprometedora en la que nos habían encontrado, Rosalie creía que no habíamos llegado a más. Mi dolor fue entonces aún mayor. Ella agradecía por haber llegado antes, sin ponerse a pensar que nosotros habíamos tenido intimidad antes de que ellos llegaran.

Sin embargo, mi completo rubor no pasó desapercibido para Jasper, y fue lo que detonó por completo su furia.

— ¡Ya lo han hecho! —su grito resonó por toda la casa— ¡Has tenido intimidad con Edward!

— ¿Es verdad eso, Isabella? —Rosalie alzó la voz.

— Yo… yo… —balbuceé. En dos zancadas, Jasper quedó frente a mi y me sujetó por los brazos con fuerza.

— ¡Mírame a los ojos y niégalo! ¡Hazlo!

— ¡Basta! ¡La estás lastimando! —intervino Edward, tomando a mi hermano de las manos para que me soltara.

Jasper me soltó, e inmediatamente Edward me rodeó los hombros con sus brazos y me atrajo hacia él. Lloré en su pecho y lo abracé para no desmoronarme por completo.

— Lo siento tanto —dije bajito—. De verdad no quería desobedeceros ni decepcionaros, pero por favor entiendan.

— No es a nosotros a quien has desobedecido, Isabella —dijo mi hermana con voz lúgubre—, sino a Nuestro Padre.

— ¿Y qué se supone que debemos entender? —dijo Jasper— ¿Qué no pudiste controlar tus impulsos humanos? ¿Eres siquiera consciente del pecado que habéis cometido?

— ¡Por supuesto que lo sé! —chillé— ¿Tienen idea de todas las veces que me ha pasado por la mente la falta que he hecho?

— No lo parecía hace un momento —bufó mi hermana, sarcásticamente.

— Es que no lo entienden —susurré y una lágrima gorda se derramó por mi mejilla—. Yo lo amo.

— ¿Lo amas? —rió Jasper amargamente—. ¿Acaso tu experiencia desde el Cielo no te ha dejado en claro que el amor y el deseo no corren de la misma manera? ¿No has visto todos esos casos en los que los jóvenes se dejan llevar por las hormonas y el calor del momento? Creí que eras más inteligente que eso, Isabella.

— ¿Además, crees que tu sacrificio ha valido la pena? ¿Qué pasará cuando la escuela termine y tengan que tomar caminos separados? Edward seguirá con su vida Isabella, y se suponía que tú tan solo tenías que ser su Ángel de la Guardia. ¿Y qué pasará cuando volvamos al Cielo?

— ¿Es que acaso crees que después de lo que hizo se le permitirá regresar, Rosalie? —gritó mi hermano—. Será juzgada. No sabremos el destino que le deparará a Isabella. Ni siquiera yo puedo decir a ciencia cierta el veredicto que tomarán.

— ¿Y qué harás entonces, Isabella? —habló mi hermana, pero se dirigió a Edward y a mí—. Esto no será nada fácil de lidiar para nadie. Tal vez lo más prudente sería que os dejarais de ver. Creo que ya se os habéis causado suficientes problemas, y ahora nos toca resolver este asunto.
— Perdón, pero no lo acepto —intervino Edward finalmente.

— Edward, no creo que estés en condiciones de elegir si aceptas o no —Jasper trató de controlar su tono de voz, pero el enojo aún estaba palpable—. Estamos buscando la mejor solución para este lío.

— Pero no lo aceptó —insistió—. Definitivamente, no tienen idea de nada. Yo amo a Bella, y estaré dispuesto a luchar por ella si es necesario.

— Muy heroico y valiente de tu parte, Edward —dijo Rosalie—, pero esto no se trata de un mero capricho de nuestra parte por mantenerlos separados. Hablamos de un problema mayor y lo último que queremos es que se empeore. Ya hemos visto que no podéis controlar vuestros impulsos carnales, así que lo mejor es no agravar más este asunto.

— ¿Así que eso es todo? ¿O lo tomo o lo dejo? ¿Acaso no cuenta nuestra opinión? ¿No hay nada que se pueda hacer al respecto?

— Me temo que no —suspiró pesadamente mi hermano.

— Bajo otras circunstancias, si tal vez nuestra naturaleza no fuera ésta, por supuesto que hubiéramos apoyado su unión —dijo mi hermana—. Pero entiendan que la unión entre humanos y ángeles está estrictamente prohibida, en todos los aspectos.

Nos quedamos en silencio por un buen rato más. Puesto a que la verdad había salido a la luz, y esto aceleraba las cosas, el miedo que sentía por perder a Edward había crecido a límites exorbitantes. Me aferré a su cuerpo, como si con eso lograra fundirme a su piel y esconderme para siempre en él.

Lloré silenciosamente, y me sentía inútil al no poder pensar en nada para poder arreglar esto. No me arrepentía de haberme entregado a Edward, por supuesto que no, pero al mismo tiempo me dolía terriblemente haber defraudado a mi Padre y a mis hermanos. Siempre me había sentido mal cada vez que me equivocaba en algo relacionado a nuestra misión, pero ellos siempre habían estado ahí para apoyarme y aconsejarme. Y a pesar de todo, les había fallado.

No me di cuenta en qué momento había oscurecido, hasta que Rosalie se puso de pie para ir a encender las luces de la casa y que dejara de estar en penumbras. Edward besó mi frente nuevamente, tratando de consolarme y de consolarse a sí mismo. Me sujetó las manos y las besó también.

— Pase lo que pase, siempre voy a estar contigo, ángel —susurró, mirándome a los ojos—. Ahora que te he encontrado, no habrá manera en que consigan que me separe de ti. ¿Lo sabes, verdad?

— Lo sé —se me rompió la voz.

Jasper se puso de pie también, y se dirigió al patio trasero. Rosalie lo siguió, pero cuando traté de hacerle segunda, me dirigió una dura mirada que me indicaba que me quedara en mi lugar; las dos sabíamos que podía arruinar más las cosas. Me dolió saber que la relación con mis hermanos probablemente ya estaba muerta, y que me iba a costar demasiado poder recuperar una pequeña parte de su confianza.

— ¿A dónde vas? —le escuché decir a mi hermana.

— Tengo que hablar con el Consejo —contestó Jasper.

— ¿Vas a ser tú quien la delate ante ellos?

— ¿Acaso esperas que me quede cruzado de brazos y que deje pasar por alto la falta que ha cometido, Rosalie? —siseó—. Me conoces mejor que eso, y sabes perfectamente que tengo un deber que cumplir.

— Pero es tu hermana…

— Precisamente. Eso pareció no importarle a ella desde el momento en que decidió desobedecer las órdenes que nos han arraigado desde el principio —contestó amargamente.

— ¿Y qué crees que sucederá con ella?

— Lo sabes, Rosalie. Realizarán un juicio en su contra, presentarán los cargos y le dictarán una sentencia. No se irá sin obtener un castigo por su pecado. Lo has visto antes.

— ¿Y no hay nada que puedas hacer por ella? —a mi hermana se le quebró la voz—. ¿Acaso no sientes ni un poco de miedo por lo que pueda pasarle?

— ¿Y crees que no me duele todo esto? —gritó— A pesar de todo, no soy de piedra, Rosalie. Me duele que mi hermana esté pasando por esto. Ha sido esa inocencia que la envuelve la que la ha metido en este lío. A pesar de lo que hizo, entiendo perfectamente que sus sentimientos son puros, al igual que los de Edward. Pero es no justifica de ninguna forma lo que hicieron.

— Tu también tienes voz y voto en ese juicio. ¿Intervendrás por ella?

— Si debo ser honesto, en este momento te diría que no —suspiró—. No intervendría por ella, pues me siento demasiado decepcionado de lo que hizo. Sin embargo, bajo esa misma honestidad, debo contestar que trataré de defender las razones por las cuales actuó, si me permiten hacerlo por supuesto.

— ¡Oh, Jasper! —Rosalie suspiró aliviada.

— No puedo prometer nada, pues ni siquiera sé si me dejarán participar en el juicio, Rosalie. Isabella estaba a mi cargo, y yo también he fallado al no vigilarla como era debido. Veré que puedo hacer —suspiró—. Trataré de mantenerte informada de todo.

Decidí dejar de escuchar a escondidas y salir a enfrentarme nuevamente a mis hermanos. Sabía que en este momento Jasper no querría verme, pero necesitaba disculparme una vez más con él antes de que se marchara. Sin embargo, cuando abrí la puerta del patio trasero, me encontré solamente a Rosalie.

— ¿Dónde está Jasper?

— Ha ido a ver al Consejo —dijo seria.

— Rosalie —dije, aún con el nudo en la garganta—, por favor perdóname.

— No me pidas eso. Isabella, no tienes idea de cuán decepcionados nos has dejado a Jasper y a mí.

— ¡Por supuesto que lo sé! —chillé—. ¡Quisiera poder hacer algo para poder remediar lo que hice!

— Quizá lo mejor sería que pensaras antes de actuar —dijo, dándose la vuelta para regresar a la casa—. Eso sería un buen principio.

Me quedé afuera, llorando por un rato más. Definitivamente iba a costarme demasiado que mis hermanos me perdonaran. ¿Y lo peor de todo? Ni siquiera pensaba en el juicio. Solo podía pensar en que muy pronto me iban a separar de Edward.

Y la mera idea trajo una nueva ronda de lágrimas y sollozos.

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5 comentarios:

  1. Bueno creo q soy la primera por aqui jeje pobre bella todo se complica

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    1. Hola Nohemi!!! X fin una lectora de FF. La verdad es que no me extraña q no me comenten, en FF no me comentaban casi pero lo bueno esk veo k hay muxas visitas!! Besos

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  2. jolin... pobrecillos... ays.. las hormonas¡¡¡ jaja... espero que el castigo no sea muy severo, y por encima de todo que les permitan estar juntos porque sino.... buf.

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    1. bueno... lo del castigo no podré decirte nada, solo puedo adelantar q veremos en primera persona como son los juicios celestiales XD

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  3. Ya no vas a subir mas capis:(

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