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lunes, 2 de julio de 2012

"Nuestro Innovidable San Valentín" Cap. 2

Pov. Bella
Sábado 15 de Febrero del 2010, lugar no en concreto
Sobre las 4 de la mañana, Edward y yo nos despedimos de la familia o mejor dicho de los que quedaban de la familia. Rosalie y Emmett nada más saber que tenían el permiso de marcharse cogieron el BMW de Rosalie y según lo que me había contado Edward habían ido a Las Vegas. Luego de eso Esme y Carlisle también se marcharon: creo que fueron al puerto más cercano y se compraron un yate para que ellos solos atravesaran el océano hasta llegar a Isla Esme. Por eso, al despedirnos de la familia solo estaba Alice y Jasper que aprovecharían que nadie estaba en casa para estar ellos solos
-Bella, cariño. Vamos a perder el avión dulce tardona- Edward me acarició por detrás el rostro. Suspiré relajada.
Se estaba tan bien en el pasillo de embarque que no me apetecía nada tener que moverme
-De acuerdo- entrelazamos nuestros dedos y pasamos a dar nuestras tarjetas de embarque.
Al llegar a la mesa donde las azafatas cogían los pasajes, una de ellas miró más de lo debido a mi marido. Estos tiempos…¡ya no había respeto con las relaciones!. Decidí tomar medidas, era hora de marcar mi territorio de nuevo. Cuando la descarada azafata, que cabía decir que tan solo tendría 19, teñida con el pelo de rosa y con un uniforme dos tallas demasiado pequeño para ella, lo miraba cogí a MI NOVIO y lo besé profundamente. La niñata al ver la cercanía que nos teníamos, y añadiendo que Edward respondió riéndose por lo bajo y me elevó unos segundos del suelo, comprendió que no tenía posibidades
Al final, cuando seguro que la azafata se le hubiera metido que dejara de ligotear con mi novio, nos giramos a verla. Ésta estaba mirándome horrorizada, con los pases aprobados. Cogimos los billetes y pasamos juntos al avión.
Por el dinero que tenía la familia nos sentamos en la zona VIP del avión. Los asientos eran muy cómodos y amplios, y sin que diga el servicio. Pero poco nos importaba, lo único que me importaba era yo sentada en las rodillas de Edward, maravillándome con el paisaje y la suavidad de su mano recorriéndome el rostro.
-Bella, ¿estás contenta por volver a España?- me preguntó mi amado al rato de que hubiéramos despegado
-Si, estoy muy ilusionada. ¿Tú crees que habrá cambiado mucho?
-Pues no lo sé. Como en todos los países. Es que cariño, debes reconocer que en estos últimos 90 años han cambiado mucho las cosas- me dijo al oído. Yo tan solo me acurruqué más entre sus brazos y asentí con la cabeza. Pensar que hace casi un siglo yo vivía en España con mis padres y que por su empleo tuvimos que marcharnos de España para ir a Chicago me trajo demasiados recuerdos
Durante un largo trozo del viaje, Edward se lo pasó cantando a un volumen que solo yo oía una de las canciones que me había compuesto y yo, por mi parte, tuve todo el tiempo los ojos cerrados intentando recordar como era Madrid, cuando vivía ahí de niña
-Perdone señor, ¿desea algo?- la voz de una azafata me hizo volver al mundo real. Elevé la vista y vi a una mujer bastante joven mirando con deseo a mi marido.
-No gracias- dijo algo cortante y sin mirarla Edward. Me acarició la mejilla y yo le respondí con una sonrisa.
Pude oír como la azafata resignada y apenada resoplaba y se marchaba pero que poco sabía yo…
-O-
Miradas coquetas. Montones de pares de ojos jóvenes posados en Edward. ¡Estaba harta!. Desde que habíamos subido al avión las malditas azafatas no dejaban de mirar deseosas, con dulzura a MI novio. Y esperaban ansiosas la mínima oportunidad para acercarse a él. Y lo malo es que yo ya lo había intentado todo para dejar claro que ya no estaba disponible. Me había recostado en Edward, le había besado coquetamente, me había reído feliz de todo lo que decía, le había mirado amorosamente pero nada. ¡Esas mujeres no hacían caso de nada! Seguían pasando cada diez minutos máximo a ver si necesitaba algo, y a mi siempre o me miraban como si no existiera o odiosamente. Al final tendría que hacer algo drástico
-Bella, ¿te ocurre algo?- la voz de Edward me sacó de mis pensamientos. Aunque la verdad era normal que esas azafatas no quitaran los ojos de encima a mi novio. Era un hombre físicamente perfecto, sexy, guapo y que parece todo un dios, y sin hablar en lo que esas mujeres se habían fijado, en como era él por dentro. Era amable, atento, considerado, bueno, inteligente…
-No nada- suspiré al ver la mirada fija que me lanzaba Edward. El estar tanto tiempo juntos hacía que nos conociéramos como a nosotros mismos, e incluso mejor- Bueno vale. Si que me pasa algo. ¡Es que no soporto las miradas que te echan esas mujeres! No se dan cuenta que no estás disponible. ¿O qué? Tú eres mío y…- Edward no me dejó continuar ya que me zafó la boca con un beso
-Bella, mi dulce Bella. ¡Te vuelves tan irresistibe cuando estas celosa! A mi las miradas de esas humanas me pasan, son translúcidas para mi. Tú eres mi único amor. Además, no crees que después de 90 años juntos, ¿si hubiese querido dejarte por otra no lo habría hecho ya? ¿De verdad crees que puedo amar a otra como te amo a ti? Isabella Marie Cullen Masen, te amo más que a mi vida y solo a ti.
-Vale…-dije rindiéndome- Te haré caso. Pero sigue sin gustarme- dije refunfuñando. Sonreí al sentir sus labios besándome dulcemente el cuello- Edward… Para
Se rió entre dientes y me abrazó cariñosamente, acurrucándome más cómodamente en su regazo
-Y otra cosa- empezó a decir como si nada- que sepas que no eres la única que tiene que soportar miradas a su pareja
-¿A qué te refieres?
-Pues que si por si no te has dado cuenta, el avión va cargadito de jóvenes españoles que no te quitan el ojo. Todos los hombres del avión se te comen con la mirada, sin decir lo que piensan de ti en sus mentes
-Pero no es lo mismo. Tú eres extremadamente maravilloso y yo soy corrientucha- le interrumpí
-Eso no es verdad. Bella, aunque tú no te veas realmente como eres no significa que los demás no lo vean. Tú eres algo nunca visto. Eres maravillosa y tienes unas facciones que nunca antes se han visto. Hazme caso, no eres normal eres perfecta- me dijo en susurros
-Bueno, eso no me importa. No voy a soportar más miraditas de esas mujeres. ¡Como vea a una de ellas mirándote como si tú no fueras mío, no me importa que sepan lo que somos, me lanzo a por ella!- dije enfadada. Edward me miró fijamente y se empezó a reír
-Eres tan adorable cuando estas celosa
-¡Yo no estoy celosa Edward!- dije indignada- y ya lo has dicho
-Claro que si, estas muy celosa. No soportas que otras mujeres se fijen en mi por temor a que yo lo haga en ellas. Pero ya te lo he dicho, nunca me podría fijar en nadie que no fueras tu. ¡Por favor Bella, llevamos 90 años juntos!
-¡Pero ya te he dicho que no estoy celosa!
-Bella di lo que quieras pero quiero que sepas algo importante- me dijo al oído.
-Dime- me crucé de brazos
-Pues que sepas que estas muy sexy cuando te pones celosa, y que no sabes cuanto me gusta. Ahora, si no estuviéramos rodeados de gente te besaría y te haría mía aquí mismo- le miré con los ojos como platos y una gran sonrisa se me pasó por el rostro.
No me pude aguantar y lo besé. Sus labios eran como una droga para mi. Una vez que empezaba a saborearlos, sentirlos unidos a los míos y aspirar su aroma, quería más y más y nunca me era suficiente. Y al parecer a Edward le ocurría lo mismo ya que empezó a besarme poco a poco más apasionadamente. Me giré encima de su cuerpo para besarlo más cómodamente, sentándome en horcadas. Pero tan rápido como empezamos terminamos ya que sentimos que humanos entraban en la zona VIP del avión. Me senté en mi asiento, dada de la mano de mi marido
Una nueva azafata entró y al pasar por nuestro lado lanzó una mirada coqueta a Edward, haciendo que mi enfado volviera a surgir. Al pasar de lado, Edward me acarició el rostro y me dio un beso en él
-Tranquilízate Bella, solo es una humana.
-Vale…- roté los ojos y aspiré su aroma, algo que me relajaba profundamente
De repente se oyó un anunció por los megáfonos del avión
-Señores pasajeros, queremos informarles que en diez minutos aterrizaremos en el aeropuerto de Barcelona. Por ello una azafata se pasará por sus asientos para recogerles las almohadas y mantas que se les prestó anoche para dormir. Muchas gracias por utilizar nuestra compañía, atentamente la compañía de Iberia
Suspiré nuevamente. Otra vez azafatas pululando por nuestro, o mejor dicho, el alrededor de Edward.
-Hola señor, ¿me daríasu almohada y manta, por favor=- una azafata dijo con una gran sonrisa a mi marido. Ni tan siquiera me había preguntado a mi
-Si tome el de mi novia y mío- Edward le entregó los objetos, y la mujer con una mueca des dichada se marchó a atender a otros pasajeros.
Pasados los diez minutos sentimos Edward y yo como las ruedas tocaban el al fasto de la pista. Cuando dieron la señal de que podíamos levantarnos, yo cogí mi único equipaje de mano, mi bolso y Edward su chaqueta.
Al pasar por delante de las azafatas que despedían a los pasajeros, estas miraron suspirando de admiración al ver a Edward y yo no me resistí. Giré mi cabeza y las miré asesinamente. Al momento cesaron las miradas hacia él y sus ojos se posaron temerosos en mi. Mi novio para tranquilizarme me rodeó la cintura con su brazo y me apartó de ellas obligándome a caminar
-Voy a tener que educar tu carácter jovencita- me susurró cuando ya andábamos lejos de las personas, atravesando la terminal en dirección a la sala de recogida de equipajes.
Una vez llegamos a la cinta mecánica, Edward se ofreció a ir a por la única maleta que habíamos facturado en el aeropuerto de Seattle. Pero al verlo con tres maletas, dos de más, me vinieron los siete males
-¿¡Qué haces con tanto equipaje!- le recriminé
-Pues nada. Que cogiendo la maleta que habíamos traído, detrás de esta venían estas dos y en ellas ponían Cullen. Así que las cogí y en una e ellas estaba atado una nota. Al parecer a Alice le pareció necesario llevar ropa especial
-¿Qué tan especial?- se me acercó
-No lo sé. En la nota solo pone que la ropa está dividida en bolsas y que en cada una de ellas pone una nota que tú sabrás cuando usar.
-No me ni imagino que cosas habrá puesto Alice, ¡ni me lo imagino!- me llevé las manos a la cabeza, estresada
Edward soltó las maletas y me abrazó cariñosamente
-Tranquilízate Bella, no será tan malo. Tan solo quiere ayudarte.
Cogió las maletas sin dejarme cargar alguna. Seguimos a los otros pasajeros y llegamos a las puertas que daban a la sala donde la gente esperaba a su familia que viajaban. Al atravesarlas todo el mundo nos miró asombrados, como si fuéramos actores de cine, aunque la verdad si que lo parecíamos para nuestra desgracia. De repente, a lo lejos, vimos a un hombre vestido de chofer con una pancarta que ponía "Los Cullen" en español.
Nos acercamos cuidadosamente, sin muchas ganas. Al llegar a donde estaba nos miró con la boca abierta y se aclaró la voz
-¿Son ustedes los señores Cullen?- nos preguntó en español con un acento catalán. Como Edward no hablaba muy bien es castellano, yo hablé por nosotros
-Si somos nosotros pero ¿quién es usted?
-Ya me dijo la señorita con la que hablé que sucedería esto. Si que los conoce bien. Bueno, soy Albert Oliva y seré su chofer. La señorita Alice Cullen me dijo que los buscara aquí y que en la limusina que encargó los llevara a su hotel
-¿Limusina?- preguntamos a la vez Edward y yo. Le miré directamente. Si él tampoco lo sabía significaba que no había planeado esto y que todo era un plan de Alice
-Si, una limusina bastante grande para dos personas para mi gusto. Pero así lo encargó la señorita y creo que un tal Carlisle Cullen, creo que el padre. Bien, vayámonos- se giró y empezó a andar. Edward y yo le seguimos pero cuando estuvo lo suficientemente lejos, cogí a Edward y le pregunté:
-¿No sabías lo de la limusina y las maletas?
-Claro que no Bella. Alice durante días ha tenido la mente bloqueada aunque yo pensaba que era porque no quería que leyera lo que planeaba para Jasper pero al parecer me he equivocado
-Pero, ¿cómo es posible que haya conseguido todo esto?- pregunté sorprendida
-No lo sé pero sigamos a Albert- me cogió por el brazo y seguimos al hombre a saber a que sitio. Acabábamos de llegar y ya estaba estresada para todas las vacaciones

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