Pov. Bella
Sábado 15 de Febrero del 2010, Barcelona
Cuando
nos subimos a la limusina, que debía decir que era impresionante, toda
blanca y de las que puedes ver en las entregas de unos premios, su
interior muy lujoso e impresionante, me quedé maravillada y tardé en
reaccionar. Dentro de la limusina, me acurruqué entre los brazos de
Edward y a través de las ventanas tintadas vi los preciosos monumentos
de Barcelona: La Sagrada Familia, El Parc Guell, les Fonts de Monjuic…
-Es preciosa esta ciudad- susurré para mi misma pero claro está Edward me oyó.
Me
miró sonriente y yo a él. Era tan hermoso de su parte que por San
Valentín me llevara a Barcelona que siempre se lo agradecería.
-Me alegro que te guste Bella pero es mejor que nos preparemos, que ya hemos llegado
-¿Ya?- pregunté incrédula.
A
los minutos la limusina se estacionó delante de un glamuroso hotel, que
por lo que pude adivinar era el Hesperia Tower. Edward salió de la
limusina y a los segundos me estaba abriendo la puerta y tendiéndome la
mano. Yo se la cogí encantada, y poco a poco salí de la limusina. Al
salir al exterior, me alegré que el cielo estuviera encapotado ya que
así no brillaríamos a los ojos de los humanos.
Edward me cogió de la mano, y con la otra ayudó a Albert a llevar las maletas
-Tranquilo
señor Cullen, ya les llevo yo las maletas- nos aseguró Albert. A Edward
se le frunció el ceño ante lo que dijo Albert y meneó la cabeza
-No Albert, yo ayudo te a tio- me reí ante el lio que se había hecho el mismo con el castellano
-¿No querías decir "yo a ti te ayudo"?- le reprimí divertida
-Deja
de ser tan picajosa, a ver si eres tan buena con el italiano y ya verás
quien se rie- no me pude reprimir en sacarle la lengua
-Como usted quiera señor- Albert parecía divertido ante la confusión de mi marido y, negando con la cabeza, entramos al hotel
Nada
más hacerlo me quedé asombrada en la entrada. Miré maravillada el
interior del hotel donde nos hospedaríamos: Todo estaba iluminado por un
sin fin de lámparas de araña, lleno de asientos de piel y decorado con
el mayor estilo a más no poder.
Edward al ver mi asombro, sonrió
encantado y me llevó hasta la dirección. Allí se encontraba un hombre
joven, de unos 28 años, todo muy arreglado y escrito en su rostro la
palabra Triunfador empedernido, además de creido. Cuando notó
nuestra presencia, es decir, la de Edward y la mía ya que Albert ya se
había marchado dejando nuestras maletas detras de nosotos, primero miró a
mi novio con resignación pero al percatarse de mi, sus ojos se salieron
de sus órbitas. Me miró pícaramente e intentado que fuera cambio yo
aparté la mirada avergonzada. ¿Cómo era posible que los humanos fueran
tan… impulsivos? ¿Es qué no se daba cuenta de cómo Edward me tenía
agarrada? ¿No veía que yo no estaba disponible?
-Bienvenidos al
hotel Hesperia Tower. ¿Tienen alguna reserva?- preguntó el hombre otra
vez con un acento catalán. A continuación me miró y me guiñó el ojo, y
toda la cara de simpatía que tenía por la gracia del acento se esfumó.
Yo me estremecí y me pegué más a Edward
-Si, we reserve la Suite Presidencial- dijo Edward ahora intercambiando el español con el inglés
Espera
un momento, ¿suite presidencial? ¿Habíamos reservado la Suite
Presidencial? ¿Cómo era posible que Edward se gastara tanto dinero en
mi?. Elevé la vista estupefacta hacia Edward, pero al oír como el humano
respiraba desigualada mente, me giré para verlo. El recepcionista
miraba alucinado a Edward. Claro, esa noticia no solo me había
sorprendido a mí y lo peor era la razón por la que él se había quedado
sin habla: Era muy poco normal que dos adolescentes extranjeros tuvieran
tanto dinero como para reservar la Suite Presidencial.
El hombre nos miró más detenidamente y al observar lo hermoso que era Edward, y lo jóvenes que éramos se quedó asustado
-Cla..claro.
Tome la llave de su habitación…- le cogimos la llave, y Edward dió
signos de querer seguir mofándose de hombre pero lo retení a tiempos.
El
recepcionista llamó a un botones, y un chico joven, algo mayor que
nosotros pero no mucho, nos cogió el equipaje. Yo sonreí a Edward para
que se le pasara el mal humor y cuando llegamos a nuestra planta y
salimos del anscensor, cogí mi monedero y de él saqué 10 euros
-Tome y gracias por su ayuda- le agradecí al botones. Éste al ver la suma cantidad de dinero, se quedó impresionado
-Gracias señorita- se marchó con una sonrisa en el rostro. Me reí ante la ilusión del hombre
-Ya
me gustaría a mi explicarle que es señora, no señorita- Edward bufó y
se apretó el puente de la nariz. ¿Qué abría leido en los pensamientos de
los humanos para que lo pusieran así?
-¿Quieres relajarte cariño?
Si a te pones así a todos los lugares que vamos que haya un hombre, ¡no
saldremos nunca de casa!- le objeté
-Si no es eso, ya lo tengo
asumido y sé que te miran por lo bella que eres- me abrazó por detrás-
pero es que leer de sus mentes las cosas más indecentes que piensan me
enfurecen
-Ya Edward, pero algo malo tendría que tener tú don y
estas vacaciones ¿no? No todo es perfecto- ante haberlo adulado, volvió a
sonreirme
-Bella…quería pedir una cosilla de nada antes de ir a la habitación
-¿Si?
-No
me ataques y déjate llevar- le miré sorprendida pero antes de que
pudiera decir nada unas manos me nublaron la vista. Intenté apartarme
pero no podía, me tenía bien sujeta
-Edward…-le supliqué como una niña pequeña
-Bells cariño, deja que te dé una sorpresa. Hazme este favor de San Valentín
-Pero…- intente protestar. ¿No le entraba en la cabeza que no me gustaban las sorpresas? "No"
-Bella- insistió
Lo
medité durante unos segundos. Aun intentara resistirme acabaría por
ganar Edward, así que ¿por qué no acabar cone esto cuanto antes?
-De acuerdo, pero como te pases...- le advertí
-Ya lo sé, no tendremos descendencia... Aunque si lo miras desde un punto ético igualmente no podemos ya que n...
-¡Dame la sorpresa de una vez!- sentí como se reóa
Sentí
como me llevaban por el pasillo y como Edward abría la puerta de la
Suite. A los pocos segundos sentí debajo de mi algo suave y blando,
debía de ser un asiento de la habitación
-Ahora prepárate para alucinar Bella- me preparó Edward
-Estoy
lista- a los segundos una preciosa habitación se asomó por delante de
mis ojos. Todo era tan glamuroso y exquisito que tenía ganas de llorar,
aunque no podría claro está. Toda la pared norte era de cristal, dando a
la terraza, pero el resto de la Suite no era de menos. La habitación en
la que estaba el dormitorio era preciosa, clásica pero a la vez
moderna. Tenía una televisión de plasma, aire acondicionado y creo, si
no me equivoco, un mando para cambiar las luces. Luego me dirigí
maravillada, como volando, al baño. Y como suponía, era impresionante.
El baño era completo completo, con una ducha de chorros, una bañera
redonda que era también un jacuzzi, dos secadores y todas las maravillas
que uno se puede imaginar. Como si estuviera en un sueño seguí pasando
por las habitaciones, las cuales eran una pequeña cocinita que era
pequeña pero muy completa. Pude notar que en todo momento Edward me
seguía sonriendo por mi reacciones pero no le hacia mucho caso; lo que
más me importaba ahora era lo que tenía delante. Estaba en la terraza,
que desde ahora era mi habitación favorita de la Suite. Tenía unas
vistas de en sueño, de toda la ciudad de Barcelona. Aún con el cielo
encapotado se veía tan hermosa… Y lo más impresionante de la terraza, la
mini piscina que había en un extremo, como un pequeño jacuzzi.
-Esto es un sueño…que alguien me pellizque-estaba estupefacta.
Sentí
como Edward me abrazaba por detrás y me acariciaba el cuello con su
mejilla, pero de repente sentí un pellizco en el cuello
-¡Ay! ¡Edward!
-¿Qué? Pediste que alguien te pellizcara y ni loco traería al botones o al recepcionista- le miré mal
-Pero
seguro que ellos si podrán tener hijos, no como otros si no cieran el
pico- dije molesta, aunque se me pasó enseguida cuando Edward me dedicó
su hermosa sonrisa. "¿Por qué siempre caía en la misma?"
-¿Te gusta entonces?
-Gustar es decir poco, me encanta Edward- soltó una pequeña risa haciendo que yo me girara para verlo-¿Qué es tan gracioso?
-Tu forma de ser. Eres lo más tierno y dulce que he visto en mi vida y eso que tengo 108 años…
-Viejo- le interrumpí y me eché a reír. Él se unió a mis risas y me abrazó con más intensidad
-Tú tampoco eres una jovencita Belly Bells
-Soy más joven que tú, y no me llames así que te pareces a Emmet
-Y más irresistible mi niña- me susurró al oído.
Me
giré en sus brazos y le rodeé el cuello con mis brazos. Como llevaba
tacones, no me hizo falta ponerme de puntillas para besarlo. Pero cuando
iba a juntar nuestros labios, Edward desapareció. Yo suspiré cansada,
¿qué quería ahora?. Olí su aroma y lo rastreé por toda la Suite. Al
final lo encontré en la habitación en la que estaba la cama, apoyándose
con una mano en una de las maletas
-¿Por qué te has marchado?- le
dije haciendo un puchero tipo Alice. Daba gracias a Alice de que años
atrás me hubiera enseñado esta técnica para engatusarlo
-Pues porque tengo planeado unas vacaciones de lujo y aún tenemos que desempaquetar la maleta
-¿No podría ser más tarde?- le pregunté coquetamente mientras recorría su pecho con mi dedo índice
-No
amor, tengo planeado algo muy especial que solo podemos hacer aquí. Así
que ahora, me iré a ajustar unas cositas y tú deshaces las maletas
¿vale?- me preguntó sonriente. Con esa cara y esa sonrisa torcida no me
podía negar
-Aja- le respondí. Me besó ligeramente y al segundo ya no estaba.
Me
giré resignada y algo molesta. Se suponía que estábamos aquí, en
Barcelona, para estar solos y aprovechar cada instante sin que nadie nos
interrumpiera. Pero no, él no se qué quería hacer que era más
importante.
"Tranquilízate Bella. Ya sabes como es Edward,
solo quiere que pases las mejores vacaciones de tu vida. Haz esto por
él, además, él sabe que es San Valentín y seguro que es super romántico"
Con
este pensamiento me alegré algo, aunque más bien que autoengañé a mi
misma, y me dispuse a pasar el mal trago de horrorizarme con la ropa que
Alice me había elegido. Con algo de temor abrí la primera maleta y,
como me había dicho Edward, todo lo que se veía en ella eran bolsas con
ropa dentro que no se veía con etiquetas. Cogí una de las bolsas y miré
la pegatina que ponía "Edward se niega a besarte". ¿Qué significaba
esto? Con cuidado abrí la bolsa y al ver el bikini strapless me senté
rápidamente en una de las sillas. ¿Pero qué bikinis me ponía Alice?
¡Eran demasiados atrevidos para mi!
Apresuradamente dejé a un lado
el bikini y seguí mirando dentro de la bolsa. Pero allí solo encontré
un vestido de playa ligeramente corto y juvenil. Cuando iba a tirar la
bolsa resignada y hasta algo enfadada con mi hermana, me percaté que
dentro había una nota
Bella Cullen, si quieres que ha tu
regreso a Estados Unidos aún esté de una pieza tu Jaguar te pondrás ese
bikini y vestido para lo que Edward te tiene planeado hoy, 15 de
Febrero. Y además, en la otra maleta que he colado en el avión hay una
sombrilla que vas a coger ¿de acuerdo?.
Esto es todo, besos Alice
P.D:
¡También vas a usar toda la demás ropa que hay en las dos maletas y NI
LOCA vas a ponerte la ropa sin estilo que te has traído! ¿ME HAS OÍDO?
Ahora si que me despido
Besos de parte de la que más te quiere, Alice (la no duende) XOXOXO
Gruñí
por lo bajo. ¡Ahora tendría que ponerme todo esto si no quería que mi
Jaguar siguiera de una pieza! Sin pensármelo dos veces cogí el bikini y
el vestido y fue al enorme baño. Tras probármelo, me miré al espejo y
suspiré resignada. La verdad me quedaba muy bien pero no me sentía del
todo cómoda. No estaba acostumbrada a llevar este tipo de prendas tan
ligeras, pero lo que si sabía era que cuando Edward me viera se quedaría
con la boca abierta y, de seguro, tendría que limpiar el suelo por su
"baba"
Tras hacer unas posturitas delante del espejo, decidiendo
con cual sorprendería a Edward, cogí el vestido corto de playa y me lo
probé. Francamente me quedaba muy bien. Se notaba que era para ir a la
playa y tenía un toque que resaltaba en mi.
Contenta por lo bien
que me veía, regresé al cuarto y abrí la otra maleta de Alice. Tal y
como me había informado, allí se encontraba una preciosa sombrilla de
playa, con un toque oriental.
De repente sentí como alguien
entraba en la Suite, y por su olor era Edward. Sin hacer el menor ruido,
me puse detrás de la puerta para sorprenderlo.
-Bella, ¿dónde estas?- preguntó mi marido al entrar en la habitación sin percatarse de mi posición
Rápidamente me eché encima de él, tapándole sus hermosos ojos con mis manos y riéndome divertida
-¿Quién soy?- pregunté coqueta
-Mi dulce Bella- le destapé los ojos y a continuación, me encontraba en sus brazos por encima del suelo.
Poco
después me depositó de nuevo en tierra. Se apartó unos pasos de mi y me
examinó. Al principio le miré extraño. ¿Qué estaría mirando con esa
sonrisa en la cara? Pero obtuve la respuesta al mirar hacia abajo. ¡Se
me había olvidado quitarme el vestido!
-Que hermosa te ves con ese vestido- susurró ronroneando. Yo no pude evitar reírme nerviosamente
-Gracias- dije
Edward
se me acercó y me cogió las manos. Se las llevó a su pecho y las
depositó allí, en el lugar donde debería latir su corazón
-Me
preguntaba ¿si te apetecería ir a la playa? Como nunca antes hemos ido a
una porque el día andaba soleado y aquí hoy es un día magnífico…- no le
dejé continuar ya que salté de emoción
Uno de mis sueños había sido ir alguna vez en la playa y poder bañarme en el agua salada.
-¡Si, si, si, si!- gritaba emocionada. Ahora si que entendía a que venía el bañador y el vestido de Alice
-Por lo que veo no te ha tomado por sorpresa la noticia- dijo apenado Edward. Le dediqué una mirada llena de picardía
-Eso
no es verdad Eddy. Esta ropa es una de las que me encontré en las
maletas de Alice. Decidí probármela y justo llegaste tú- le dije
recorriendo su pecho con mi dedo índice
-Entonces todo anda bien-
me empezó a besarme tiernamente pero pronto cesó. Yo le miré disgustada y
el solo se rió- Me encantaría seguir besándote pero yo también me tengo
que cambiar de ropa
Suspiré y lo dejé ir
Al minuto Edward
apareció en la terraza con un bañador negro que nunca antes le había
visto, y llevaba puesto una camiseta blanca con unas espiral roja
impresa. Llevaba la sombrilla y lo que parecía ser una toalla bastante
grande. Me cogió la mano y nos marchamos de la habitación.
Al
llegar a la recepción, por suerte no estaba ese molesto hombre, así que
Edward sin preocupaciones fue a no se qué pedir a la mujer que ahora
estaba allí. Al cabo de unos minutos regresó con unas llaves en la mano y
una sonrisa triunfante en el rostro
-¿De qué son esas llaves Edward?- le pregunté después de que me agarrara por el brazo
-Ya lo verás
Salimos
del hotel y nada más pisar la calle, delante nuestro había Ford Focus
Vignale Concept descapotable de un precioso color azul cielo.
-Edward…-dije horrorizada. ¡A cada momento se gastaba más dinero innecesario en mi!
-Bella,
por favor. Si vamos a estar en Barcelona hay que conducir con estilo.
Deja que te haga feliz…- me suplicó cariñosamente. Yo suspiré y Edward
estalló en júbilo, había ganado de nuevo.
Subimos al coche tras
dejar todas las cosas en el maletero. Edward se puso en el asiento del
piloto y yo era su copilota. Me dio una de sus manos y con la otra
empezó a conducir hacia la playa Barceloneta.
En unos diez minutos
llegamos a la calle que daba a la playa que por el tiempo que hacia no
era muy transitada. Edward aparcó y nada más salir ojos de jóvenes y
adolescentes españoles se posaron en nosotros. Pero nosotros no les
hicimos caso. Cogimos nuestras cosas y nos encaminamos a la playa.
Cuando
toqué la fina arena me maravillé ante su sedoso tacto. Era como seda
pero que se te unía a las plantas de los pies. Su tacto era una delicia
para mi y no comprendía como los humanos se podían quejar tanto de la
arena, ¡era maravillosa!
-¡Bella!- Edward me volvió al mundo real.
Elevé
la vista y lo vi a unos metros de donde estaba, ya con la toalla y la
sombrilla colocadas. Me acerqué a él corriendo a una velocidad humana y
me arrodillé, dejándome caer encima de la toalla.
-Esto es la gloria- susurré
-Me alegra que lo disfrutes cariño- acto seguido se tumbó a mi lado en la toalla y me rodeó los hombros con su brazo
No
se cuanto tiempo estuvimos así pero fue bastante ya que cuando quisimos
darnos cuenta la playa se fue llenando de gente a más no poder.
Rápidamente me levanté y sentí la necesidad de quitarme el vestido y
estar solo en bikini, aunque fuera demasiado para mi
Poco a poco
deslicé el vestido por mis piernas y Edward en ningún momento quitó sus
ojos de encima de mi. Cuando finalicé me volví a sentar, solo que esta
vez delante de él. Mi marido seguía mirándome fijamente y poco a poco se
le fue formando una sonrisa pícara
-Recuérdame que le de las
gracias a Alice- me pidió. Yo, como acto reflejo aunque era muy humano,
me tapé el rostro con las manos para tapar el sonrojo que nunca vendría.
Sin
que me diera cuenta, pude notar como me apartaba las manos del rostro y
me miraba cariñosamente a los ojos. Me alzó la cabeza con uno de sus
dedos y me besó dulcemente los labios. Yo le correspondí divertida pero
pronto cesamos ya que había algún que otro humano mirándonos
-¿Te apetecería jugar un poco al voleibol?- me preguntó de repente Edward
-Claro que si pero ¿con qué balón?
-¡Con este!- dijo emocionado Edward. De una bolsa que ni había visto hasta ahora sacó un balón de voleibol
-Como
no ya vienes preparado-levanté una ceja divertida pero antes de que me
dejara quejarme nos levantó emocionado y fuimos a una parte de la playa
que no estaba aún ocupada.
En el suelo dibujé los márgenes de la
pista y así comenzamos a jugar. Debía decir que era muy divertido jugar
con Edward al voleibol si dejábamos a parte las miradas curiosas que
cada dos por tres nos echaban los humanos.
Los pases, los remates,
la pelota cruzando cada vez el campo del contrincante. Todo era la mar
de divertido. Me encantaba jugar a este juego, pero mi parte favorita
era ver a Edward de cintura para arriba desnudo, jugando animadamente
conmigo y más de una vez lanzándoseme. Y al parecer a Edward también su
parte favorita era verme con este bikini bastante provocativo.
Me
entusiasmaba la adrenalina que me provocaba el juego. Era algo así como
cuando me sentía al correr tras una buena presa. Se podía decir que
íbamos muy igualados respecto al resultado aunque la verdad no habíamos
contado los puntos.
Al final, tras a lo mejor dos horas de jugar,
paramos ya que me vino el antojo de darme un baño y sentir el agua del
Mar Mediterráneo
-Edward, ¿te darías un chapuzón conmigo?
-Claro Bells- me cogió por la cintura pero yo me zafé y a una velocidad humana salí corriendo juguetonamente.
Edward
se rió y me empezó a perseguir. Yo empecé a adentrarme en el agua
saltando para huir de Edward pero éste no tardó en atraparme. Al hacerlo
sin querer caímos al agua y nos sumergimos en ella. Yo, que aún seguía
con las ganas de jugar, empecé a salpicarlo y a nadar intentando huir de
sus brazos
-¡Bella ven aquí!- me gritaba Edward a la vez que nadaba hacia mi dirección
-¡Ni pensarlo!- le grité divertida
Estuvimos bañándonos un
buen rato, hasta que decidí que era mejor salir ya que si seguíamos así
acabaríamos muy mal. Salí apresurada del agua y me tumbé en la toalla
para secarme. Sentí que pocos segundos después Edward se ponía a mi lado
y me miraba fijamente. Yo lo imité y me reí al ver en sus ojos la
mirada que solía tener Emmett cuando se comportaba como el niño que era.
Edward,
con aún la mano mojada, me acarició la mejilla y se juntó un poco más a
mi. Yo me di la vuelta y me puse apoyada en los hombros para verlo
mejor. La verdad, lo de ir a la playa me había encantado.
-¿Te apetece leer?- me preguntó cuando estaba apoyada en su pecho mirando los dos al mar
-Claro
pero ¿de dónde vamos a sacar…?- en ese momento Edward sacó de la que
desde ahora sería La Bolsa Mágica un libro de Federico Moccia.
Le
sonreí agradecida y así empezamos a leer. Yo seguía apoyando la cabeza
en el pecho de Edward y este con su brazo derecho me rodeaba los hombros
y con la mano izquierda sostenía el libro para que los dos lo
pudiéramos leer.
Todo era perfecto y nada me podía estropear
nuestro primer día de San Valentín, o eso creía yo. De repente oí unas
voces muy molestas de muchachas de apenas 16 años que estaban unas
toallas más allá
-está para comérselo
-¡mira sus pectorales!
-No me importaría nada que me secuestrara
Furiosa
y molesta me giré a verlas, y cuando se dieron cuenta de que las había
oído esquivaron mi mirada fingiendo que nada pasaba. Suspiré resignada.
¿Es qué no podíamos pasar un día sin que algún humano nos interrumpiera?
-Esto es muy molesto- susurró mi Edward
Me
volteé para verlo y al hacerlo se me enterneció el corazón. Edward
tenía la cara de frustración, la misma cara que solía poner cuando oía
pensamientos nada agradables
-¿Qué sucede Eddy?- rodó los ojos ante el apodo de Eddy
-Pues
que esas chicas de ahí no paran de cuchichear sobre mi. Que si soy
irresistible, que parezco un actor, todo estupideces adolescentes.
-¿Pero
qué le vamos a hacer? A los ojos humanos somos hermosos, como una
planta carnívora y además q...- no pude continuar ya que una de las
chicas de antes venía a nuestra dirección con la cara de toda
concentración.
Se paró delante nuestro y primero me miró a mi furiosamente y luego se volteó hacia Edward y suspiró derritiéndose
-Hola-
dijo con un claro acento catalán. Miré a Edward y se me ocurrió una
idea. Hablando tan rápido que solo me oyera él le susurré: Edward, hagamos que no sabemos español y hablémosle en inglés
Edward me sonrió de manera que solo lo vi yo. Se giró hacia la chica y le respondió
-Hola- dijo claramente como imitando lo que decía la chica sin comprender que decía y con un acento americano
Pov. Edward
-Hola- dije con un acento americano y dando a entender que no comprendía bien lo que estaba diciendo
¡Madre mía! Encima de sexy es extranjero. ¡Un 2x1!
-¿Qué tal?- preguntó coquetamente
-Jien- dije equivocándome aposta
Pobre, no sabe hablar bien el castellano
-¿Sois ingleses?- arrugué mi frente haciendo que no comprendía lo que me decía
-Sorry, I don't understand
-No pasa nada. ¿Qué si tú ingles?- intenté reprimir la risa, al igual que Bella
A ver si así me comprende. Aunque ahora que lo veo mejor, ingléses no pueden ser, no son rubios… ¡A lo mejor es astrualiano!
-¡Ahh! Inglés no. American- dije "como pude"
-¡Que
maravilla! ¿Y cómo te llamas?- me preguntó emocionada. Pude sentir como
Bella se tensaba ante el interés de la joven y empezaba a gruñir por lo
bajo
-Yo Edward and ela Isabella
¿Edward? ¿Isabella? ¡Qué nombres más anticuados! Bueno, a lo mejor la moda en Estados unidos son los nombres feos
-¡Que nombres más guays! Yo me llamo Blanca- que falsa era la cria
-¿Blan-ca?-
pregunté incrédulo. Haciendo ver que no la comprendía. Me giré hacia
Bella y le dije fingiendo que no me enterraba- Is not that a dog name?
-I don't know. I think it's a Spanish name but I think it is better for a the girl looks like a poodle!- dijo riéndose Bella
¿Qué habrán dicho? ¡Que rabia no saber el maldito Inglés!
-¿Por qué estáis aquí?- esta chica se estaba volviendo muy pesada. Encima no paraba de mirarme relamiéndose los labios
-¿San Valentín?- dije haciendo ver que no sabía como decirlo mejor
¿¡QUÉ! ¿Celebrando San Valentín? ¿Por qué los más guapos tienen que estar cogidos? ¡Que mierda!
-¿Son novios?- la miré levantando una ceja
-¿Novios? I don't understand
-¡Si! ¿Cómo se decía? ¡Girlfriend!
-¡Ah! My girlfriend! Yes, ¡mi novia Bella!
-De…
acuerdo. ¿Y cuántos años tenéis?- la miré con cara de confusión, pero
en verdad intentando ocultar mi enfado. ¿Qué no se cansaba? Me giré
hacia Bella y la veía con el ceño arrugado, se estaba enfadando...
-Si... old, your old- ¿Se decía así? ¡Mierda, ¿por qué coño tienen que hablar inglés? ¿No podrían aprender el puto idioma?
-¿My
old? Why do you want to know my age? You do not know that it is of bad
education to ask the age strangers? Clear off of once!- por suerte eso
último, gracias a mi subida de tono, lo entendió
-Lo siento, que borde que eres. Adiós- se fue arrastrando los pies desilusionada y cabreada
Me
giré a ver a mi novia y le di un beso. Nos volvimos a tumbar y
disfrutamos de la brisa del mar. Si seguíamos así la que nos esperaba...
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