Pov. Bella
Sábado 15 de Febrero del 2010, Barcelona
Sobre
las 6 de la tarde, cuando por el horizonte se ocultaba el sol
apareciendo de po sí el atardecer, me quedé embobada mirando el paisaje.
No sabía decir porque o como era posible, pero aquí la puesta del sol
se veía diferente a Estados Unidos. No sé, como más pulcra o
maravillosa. Parecía que la belleza de Barcelona se reflejaba hasta en
su sol que a fin de cuentas era el mismo para todos.
Suspiré
aliviada cuando nos alejamos de la playa. No era que no me hubiese
encantado y fascinado el estar en una playa por primera vez, pero es que
después de que la tal Blanca se fuera, poco a poco la gente fue
cogiendo ánimos y en toda la tarde no estuvimos un momento solos.
Siempre había miradas clavadas en nosotros, gente analizando nuestros
movimientos, como si fuéramos famosos y ellos lunáticos paparazzis
Una
sonrisa me cruzó el rostro y me puse más contenta al sentir el
embriagador aroma de mi amado. Era tan impresionante sentir el calor que
desprendía mi marido, lo cálido y suave que lo sentía entre sus brazos.
Inspiré maravillada y me relajé en el Focus que había alquilado Edward
-¿Sabes que me encanta?- me preguntó Edward. Yo solo asentí con la cabeza
Estaba
demasiado concentrada en como me sentía cuando el viento acariciaba mi
rostro como para emitir palabra. Por lo menos iríamos a 200 km/h por una
carretera sin transito, delante del mar, pero no tenía ganas de
replicar nada
-El que estemos aquí, en Barcelona, me fascina. La
gente dice que París, Praga, Roma son ciudades del amor, ciudades para
las parejas pero yo no pienso lo mismo. Yo creo que Barcelona es la
nueva ciudad del amor la meva petita damisel
Le sonreí
dulcemente y lo bese ligeramente. Volví a apoyar mi cabeza en su hombro y
cerré los ojos para volver a sentir el viento contra mi marmolea piel.
-Bella, llegamos mi ángel- la voz angelical de Edward me hizo abrir los ojos.
Lo
miré directamente y me sorprendí al ver que sus ámbares ojos estaban
algo negros. Subí mi rostro y le hice besarme, quisiera o no. Este beso
era diferente a los que nos solíamos dar: Normalmente estaban cargados
de pasión y eran salvajes pero esta vez era dulce y simple, como
respirar. Me separé y él me acarició la frente
-Pienso igual- susurré aún pensativa
Al
poco rato, llegamos a la entrada del hotel y en un simple movimiento
Edward salió del auto y me abrió la puerta. Yo salí lentamente y me paré
delante de él.
-¿Está lista la señora Cullen para regresar a
nuestra Suite?- me preguntó como si estuviéramos de vuelta en los
tiempos en que los dos éramos humanos
-Encantada- le tendí la mano y le dimos las llaves del auto al aparcacoches.
Dados
de la mano atravesamos las puertas de cristal de la entrada el hotel y
cuando íbamos a subir por el ascensor, una voz me llamó intensamente:
-¡Señorita Hale!- me llamó una voz femenina. Me giré y pude ver a la recepcionista de esta mañana.
Me acerqué rápidamente y la miré curiosa
-¿Ocurre algo?- pregunté algo preocupada
-No señorita pero es que han traído algo para usted- sentí como Edward apoyaba una de sus manos en mi hombro
-¿Y qué es?
-Pues
solo tiene que verlo…- se agachó y de debajo de la mesa sacó un
descomunal ramo de rosas. Edward se tensó al instante y yo abrí los ojos
desorbitadamente
-¿Un ramo de rosas? ¿Quién me ha mandado esto?-
pregunté subiendo drásticamente mi tono de voz. Unas cuantas personas se
voltearon a vernos pero yo no los hice caso. Mi mirada estaba clavada
en el enorme ramo
-No se lo puedo decir, me ha pedido expresamente
que no revele su nombre, si siquiera que piense en ello. Además,
también ha dejado esto- me entregó un sobre
-Gra…gracias- tartamudeé.
Edward
cogió de mala gana y furioso el ramo y me arrastró al ascensor. Al
llegar a la planta superior, corriendo abrí la puerta de la habitación y
me adentré en ella con Edward pisándome los talones. Rápidamente me
senté en el sofá y abrí apresuradamente la carta, con desesperación.
Querida mujer:
No
sé tu nombre pero ya me has robado el corazón. La primera vez que te vi
me maravillé ante tu hermosura. Eres un ángel caído del cielo y me
encantaría que esta noche fueras al restaurante del hotel, a las 7:30
pm. Tan solo a la mesera dile 304 y ella te llevará hasta mi. Sé que no
tengo muchas posibilidades ante una mujer como tú, y menos si no
entiendes esta carta porque no sabes castellano, pero pongo todos mis
deseos en que me hagas compañia
Confío en que vendrás, de corazón
Tu admirador
Inspiré
por la nariz nerviosa. ¿Por qué todo lo malo me ocurría a mi? Giré la
vista hacia Edward y este me estaba mirando directamente a los ojos con
cara de sufrimiento. Sin pensármelo dos veces dejé a un lado la carta y a
una velocidad peligrosa me acerqué a él. Lo estreché entre mis brazos.
Edward instintivamente me rodeó con sus fuertes brazos y colocó su
cabeza entre mis cabellos
-Bella…-susurraba.
Elevé la vista para ver su cara, de tal sufrimiento, que me caló en el corazón
-No voy a ir- dije decidida
Él sonrió un poco pero su mirada seguía siendo de sufrimiento
-Esto
nunca cesará. Siempre habrá humanos que nos intenten separar. En cada
lugar que nos mudamos, cada humano que nos ve… ¡Si hasta estamos de
vacaciones y tres humanos se han interesado por nosotros!- posé mi dedo
en sus brazos y descansé mi frente en su pecho
-Calla por favor. No continúes con esto- suspiré y tragué saliva- he tomado una decisión, y sé que no te gustará
Al instante se separó de mi y me miró horrorizado. ¿Qué estaría…? NO
-¡Edward! ¡No es lo que piensas!- grité desesperada. Edward relajó los hombros y me miró más tranquilo
-Lo siento- se disculpó
-No
pasa nada. Bien… lo que quería decirte es que he decidido zanjar con
esto. Sé por experiencia que si no voy a la cena seguirá insistiendo
quien quiera que sea y por ello lo más conveniente es ir y decirle que
no es posible, que yo ya te tengo a ti.
-Pero Bella…-lo callé con un beso en sus deliciosos labios
Pude sentir como a cada momento que nuestros labios estaban unidos se iba relajando, dejando ver su amor hacia mi
-Nada.
Me voy a cambiar que la cena es en diez minutos. Me pongo cualquier
cosa y regreso. Y por favor Edward, no me sigas y quédate aquí- me miró
suplicante- Por favor…
-No te puedo negar nada. Como tú quieras
princesa pero no me hagas sufrir mucho por tu espera- me volvió a besar y
acto seguido salió a la terraza, y aún desde aquí vi como azotó una
maceta cayendo al vacio
Suspiré y fui al dormitorio. Abrí la
maleta de Alice esperando encontrar algo suelto que me sirviera y de
repente, hay estaba, una bolsa en la que ponía Cena incómoda con humano. ¿Era posible que Alice viera toda mi vida? ¿¡Es qué ella ya lo sabía!
No
quise pensar mucho en ello ya que si lo hacía iría a hablar con ese
humano echa una fiera y la pagaría sin querer con el pobre hombre.
Cuidadosamente, y con pavor a encontrarme con algo horrible, abrí la
bolsa y le eché una mirada a su interior. ¡Que sorpresa me llevé! ¡Era
perfecto! Simplemente el conjunto se componía de un polo color rojo
sangre con rayas blancas, unos vaqueros algo rasgados y unas converses
rojas en perfecto estado. Y lo mejor de todo ¡ni un accesorio!
Me
vestí lo más rápido que pude, que era mucho y cogí mi bolso. Salí de la
habitación y al voltearme para ver a Edward en la terraza, no me
sorprendí al verle en la misma posición de cuando lo dejé
-Ahora vuelvo- le anuncié
-Te amo- me respondió
-Como yo a ti
Salí
de la habitación y decidida a terminar cuanto antes entré en el
ascensor hacia el restaurante del piso 13. En tan solo tres minutos ya
estaba haciendo cola para que me atendiera la mesera.
Cuando llegó mi turno, la mujer me miró curiosa al ver mi atuendo. Yo para terminar con este chequeo dije simplemente
-304-
la mujer de repente me miró con los ojos abiertos y una mueca en la
cara. ¿Qué tan malo sería? ¡Que no sea un depravado sexual!
-Sígame- se limitó a decir.
Me
llevó hasta el final del restaurante, y al ver hacia donde me dirigía
la sangre que debía tener se me heló. ¡Era el botones de esta mañana, al
que le había dado esa propina!
Ahora si que empecé a caminar más despacio, horrorizada
-Aquí
es, que disfruten- la mujer se marchó por donde había venido dejándome
delante del joven que apenas tendría 20 años, ahora que lo miraba mejor
-Siéntate,
por favor- me pidió el humano. Yo, por ser lo más cortes que podía le
hice caso pero todos mis movimientos fueron rígidos, y éste se dio
cuenta- ¿ocurre algo?
-La verdad es que si- me miró con mala cara-
mira, voy a ser directa. Me halaga mucho lo de las rosas y que de tan
solo verme te halla gustado pero no es posible
-No me gustas-
suspiré aliviada- me he enamorado de ti- el airé que solté volvió entrar
ante la nueva incomodidad- Además, ¿por qué no? ¿No crees en el amor a
primera vista?- claro que creía en ese amor. Era la clase de amor que
había sentido la primera vez que vi a Edward, aquella vez que me cogió
el sombrero como el caballero que era y que és
-Claro que creo- una sonrisa le apareció en el rostro
-Lo ves. Pues es lo que yo he sentido. Sé que seremos felices y…
-Pero
no- me miró dolido. ¿Cómo podía decir como si nada lo de ser felices?-
no puede ser. Mira, tú debes de tener unos 20 años y…
-23
-Pues
23, mejor me lo pones, mira yo tengo apenas 17 años. Y como ya te he
dicho, tanto las flores, la carta y tu interés en mi me halagan pero lo
que sientes no es real. Solo te ha gustado de mi aspecto físico. Ni tan
siquiera sabes mi nombre
-Pues dímero ahora. Xavier Baleri- me tendió la mano
-Isabella Hale- dije. Se le formó una arruga en la frente
-¿Eres americana?
-Si y estoy aquí de vacaciones
-Pues
que suerte que el destino nos haya juntado. Y yo creo que el nombre de
Bella te pega, aunque me estraña que sepas hablar con tanta fluidez el
castellano
-Ya,es una larga historia
-Pues cuéntamela, deléitame
-No, mejor que no. Además Bella me lo llaman mis amigos
-Pues Bella te no te puedo llamar, ¿Belly te gusta?
-No, demasiado remilgado. Pero pronto no me llamaré Isabella Hale- me miró curioso
-¿Y eso?
-Pues pronto me llamaré, para ser mas concretos a finales del verano, Isabella Cullen.
-¿Cullen?
¡¿Cómo que Cullen?- preguntó casi en un grito. No me agradaba hacer
sufrir a nadie pero esto se estaba alargando demasiado
-Pues fácil, el hombre con el que he venido es mi prometido. Hoy mismo me ha pedido matrimonio- mentí
-¿QUÉ? Pero si…yo quería…pensaba que… ¡No te puedes casar!
-¡No
sigas! Mira. Te lo voy a decir sin merodearme. Para que lo entiendas,
yo me voy a casar y estoy más que feliz con mi novio. Sé que esto te
duele pero tienes que saber que no me interesas. Tú eres un botones en
el hotel en que me hospedo para celebrar San Valentín con mi novio. ¿No
ves que esto no es real?- su obsinación me empezaba a cansar
-Pero…
-Lo
siento, me tengo que marchar. Como te quería decir, es mejor que te
olvides de mi, sinténdolo de verdad. Yo ya pertenezco a otro hombre y
dentro de poco me volveré a mi casa a continuar con mi vida. Lo siento…-
me levanté de la silla y sin mirarlo por última vez, ya que si lo hacia
le haría aún más daño, me alejé de esa mesa.
Subí a la planta
alta del hotel por ascensor y nada más entré en la habitación, me
encontré entre los brazos de Edward. Elevé la vista y este me miraba
intensamente. Como muchas otras veces, con nuestra mirada nos dijimos
todo y salimos a la terraza. Edward se sentó en una de las sillas, y yo
encima de sus rodillas. Apoye mi nuca en su pecho y miré al mar.
Las
olas arrastraban los imperfectos de la playa y yo de corazón, también
esperaba que el tiempo arrastrara el corazón roto que acababa de
destrozar. ¿Por qué todo tenía que ser tan complicado?
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