Pov. Bella
Lunes 17 de Febrero del 2010, Barcelona
El
agua caliente. Las burbujas acariciando mi piel. El olor a jazmín en el
aire y el sentir de unos suaves dedos dándome un masaje en la espalda.
Esto
era el paraíso. Edward me estaba mimando demasiado para mi gusto, pero
no me quejaría: Barcelona, la playa, un jardín magnífico, pedirme que
nos casemos de nuevo, y ahora un baño en el jacuzzi mientras me da un
masaje. ¿Es qué podía ser más perfecto? No Bella. Ahora ya sabía
que no, gracias a que una vez más mi mente me lo volvía a afirmar.
Edward era un ángel y, viendo como él me trataba, tendría que mejorar mi
manera de comportarme. Dejaba mucho que esperar. No podía ser menos que
él y que yo sola disfrutara estas vacaciones, por ello tendría que
mimarlo y cuidarlo tanto como él a mi.
Tras mi monólogo interior,
aspiré el dulce aroma que nos envolvía. La mezcla del olor de Edward:
lilas, miel y rosas, con el del agua con olor a jazmín era el más rico
perfume.
Suspiré feliz y me dejé sumergir un poco más en el agua,
sintiendo su pecho desnuedo contra mi espalda. Ronroneé de placer, y
pegué un pequeño gemido al notar sus perfectos labios recorriéndome la
clavícula, subiendo hasta mi mandíbula.
La idea de bañarnos
desnudos, viendo el anochecer después de que Edward me pidiera
matrimonio había sido soberbia. Una de las mejores que se nos había
ocurrido en bastante tiempo
-Oh Edward...- dije suspirando.
Mi amado se rió también ronroneando y deslizó sus dedos por dentro del agua, hasta llegar a mi muslo y acariciarlo suavemente.
Ahora si que me alegraba de que el jacuzzi fuera tan pequeño. Así podíamos estar más pegados…
-Bella,
eres una droga para mi- me confesó al oído. Yo me reí nerviosa, como si
fuese una jovencita a punto de dar su primer beso- y pensar que cuando
era humano solo quería ir a la guerra y nunca casarme
-¿Te
arrepientes de ello?- dije divertida- Pensaba que te gustaba…- cerré los
ojos haciéndome la dolida, pero en verdad era para ocultar las ganas de
reir
-Claro que no mi amor. Aún pienso que fui un egoísta. Nada
más verte te quise para mi y, el primer día que lo pasamos juntos te
bese. ¿Qué caballero que se apreciara era tan irrespetuoso? Pero, ¿sabes
que te digo?
-No lo sé Edward- rodé los ojos divertida
-Que
estoy la mar de contento de haberlo hecho. Si besarte es un pecado
debería ir al infierno, tus labios son mi perdición- ronroneó en mi
cuello
-¿Aún con la pequeña deformidad de tener el labio superior más relleno que el de abajo?
-Esa pequeña deformidad, que tú llamas, para mi es lo más adictivo del mundo. Besaría esos labios todo el día- me guiñó el ojo
Me reí y posé mi dedo índice en sus preciosos labios
-Pues hazlo…- no hizo falta nada más ya que Edward me cogió y nos besamos acompasadamente
Cuando
notamos que empezaría a amanecer, Edward se detuvo y me miró fijamente a
los ojos. Yo le imité pero algo me decía que me esperaba otra sorpresa,
otra, y otra...
-Bella. ¿Dejarías que te sorprendiera otra vez?
Suspiré y meneé la cabeza. Este hombre nunca cambiaría
-¿La última vez?- me suplicó
-No prometo nada…- me miró con su torcida sonrisa, haciendo que notara como una corriente eléctrica me recorría todo el cuerpo
-¿Seguro Bella?
-Vale, iré
-¡Gracias amor!- me abrazó y yo me dejé, perdiéndome de nuevo en su olor
Edward
se levantó del suelo del jacuzzi, dejando a la vista su escultural
cuerpo pero de inmediato se tapó con una toalla. Yo hice lo mismo y
juntos fuimos adentro de la Suite.
Sin que yo pudiera decir nada,
nos condujo a nuestro dormitorio, a la cama. Se sentó y me extendió los
brazos para que me sentara en sus rodillas
-Edward, ¿no prefieres estar aquí, conmigo?- le pregunté
No había nada que me apeteciera más que sentir su cuerpo contra el mío
-Claro que si amor, pero es que deseo hacer lo que he organizado. Además, se que te merecerá la pena Bella
-Pero eso mismo digiste ayer
-¿No te gusto acaso mi petición? Con lo que me esmeré...
-No digo eso tontorón. Es que, aunque al final me acaban gustando, ya sabes que no me gustan demasiado las sorpresas...
-Pero ya aceptaste cariño- se acercó a mi oreja y me susurró- además te tengo algo muy especial…
No me pude resistir. Era demasiado débil como para negarme a un ser así
-De acuerdo
-¡Magnífico!-
se levantó a velocidad vampírica, dejándome aún en toalla en la cama
para ir a por la maleta de Alice. Mal vamos...
Sacó de la maleta que había traído para él una camisa blanca y un pantalón negro
-¿Y eso?Es demasiado arregladono crees- pregunté graciosa
-Es parte de la vestimenta requerida- me sonrió
Se acercó a la maleta que me había dado Alice y sacó una bolsa. Me la tiró y, yo al leer la pegatina sonreí ¿Demasiado arreglado? ¿Qué tramará ahora Edward?
-¿Apropiado no? Ya sabes como es Alice
-Si...
-Me voy a vestir. Tú haz lo mismo amor mío
-Claro…- salió del cuarto, dejándome una vez más sola con mis nervios
Suspiré y abrí la bolsa. ¿Alice nunca cambiaría?
Un
vestido muy corto, de licra negra azulada brillante, con una pulsera
gorda de oro y un abrigo negro. Todo de marca Alice por supuesto
Sin
pensármelo dos veces me vestí y, sin mirarme al espejo salí hacia el
salón. La imagen de mi prometido lanzando al aire unas llaves de lo que
parecía un auto me hizo sonreír a medias. ¿Es qué cada día usaríamos un
vehículo distinto?
-¿Otro auto?
-Otro más- se me acercó y me cogió la mano.
Salimos
de la Suite y cogimos el ascensor. Al llegar a la planta baja, sin
mirar a nadie, aunque la gente si nos miraban a nosotros, salimos
afuera.
Miré al cielo y la capa fina de nubes me asustó un poco. ¿Y si hacia sol? De repente, a lo lejos vi una moto reluciente
-¿No me digas que…?
-Exacto. Un tour en moto por Barcelona. ¿Te gusta la idea amor?
-No tengo palabras, pero si un par- me acerqué a él- Te amo- le susurré y le besé
Tras
terminarlo, fuimos a la moto y al sentarnos en ella me abracé a Edward
todo lo que pude. Ya sabía que si me caía no me haría nada pero
igualmente no me apetecía caerme a tan alta velocidad de una moto.
Edward
aceleró rápidamente y a toda velocidad salimos del parking del hotel y
nos adentramos en la carretera. El viento me daba de lleno, la velocidad
me daba adrenalina y, lo más importante, sentir a Edward contra mi
pecho y tener mi cabeza encima de su hombro derecho me resultava
agradable. Definitivamente la moto a partir de ahora era mi vehículo
favorito.
Alcé la mirada al cielo, para así no sentirme tentada de
tener los labios de Edward a centímetros de mi, y vi lo más bello de la
naturaleza. Aquí, en Barcelona, los amaneceres si que eran majestuosos.
Ir en moto por la ciudad con esta vista era algo indescriptible
-Edward- lo llamé sabiendo que a pesar del ruido que hacía la moto y a la velocidad que íbamos me oiría perfectamente
-¿Si amor?
-Te amo
-Igual
que yo a ti- sonreí satisfecha y volví a colocar mi cabeza en su
hombro- Aunque ya lo dijiste- le di un golpe en el hombro
A medida
que avanzábamos en la moto, íbamos dejando atrás la carretera y, no se
como, de repente estuvimos en una carretera que a ambos lados todo era
vegetación, como en Forks
Pero tardamos poco en dejar ese camino
atrás, cuando de repente estuvimos delante de la puerta de entrada de
una especie de parque moderno.
-¿Qué es este lugar?
-¿Sabes quién fue Antonio Gaudí?- me preguntó Edward después de haber aparcado la moto y haberme ayudado a bajar de ella
Me agarré a su brazo y lo miré interrogativa
-Pues claro tonto. Yo estuve viviendo en España cuando él vivía
-¡Es verdad!- no mentía muy bien mi amado
Le di un leve coscorrón en la cabeza, y él hizo como si le doliera
-¡Me has salido agresiva!- se quejó haciendo que me riera
-Es que eres un debilucho
-Un debilucho que lucha contra pumas…- me reí y el me besó la mejilla
-Pues como te decía este parque fue una de las obras de Gaudí. El Parc Güell.
-Si
que era moderno ese hombre para los tiempos que corrían. Por aquel
entonces en Madrid llegaban rumores de él pero nunca me imaginé que
fueran así sus obras
-Una imagen vale más que mil palabras cariño. Nunca lo olvides- me susurró sensualmente en el oído.
Nos adentramos en el parque y, maravillados por la originalidad de este arquitecto lo fuimos recorriendo.
Todo era tan colorido y uniforme. Era como si a los obreros se les hubieran torcido las cosas, todo ovalado, con curvas…
No
sé cuanto tiempo estuvimos andando, pero sin que me diera cuenta
llegamos a una gran hilera de bancos. Edward y yo nos sentamos en él y
nos dedicamos a mirar nuestro alrededor. Todo lleno de personas. Desde
los más jóvenes, como niños protestando por aburrirse a sus madres,
hasta adolescentes disfrutando un amor de muchos y ancianos compartiendo
los últimos años de sus vidas en pareja.
Tras estar un rato allí
en nuestra propia burbuja, y sin pudor para besarnos, decidimos
marcharnos de allí. Cogimos de nuevo la moto y nos dimos vueltas y
vueltas por la ciudad.
-¿Te apetece dar una vuelta andando?- me preguntó Edward aún en la moto
-¡Claro!- Edward sonrió
Giró en perpendicularmente y tomamos una dirección opuesta a la de principio. A ver que sorpresas nos esperarían en el paseo
-o-
-¿Nos haría una foto?- pedí a una anciana
La
mujer nos miró a Edward y a mi detenidamente, como si intentara
adivinar porque se lo pedíamos. Su mirada me recorrió todo el cuerpo,
pero se paró al llegar a mi mano. Bajé mi mirada para adivinar que se
había quedado mirando con esa sonrisa. Al percatarme que en esa mano
llevaba el anillo de compromiso sonreí
-Claro preciosa. Da gusto ver a una pareja tan joven amarse tanto. Hoy en día…- nos alabó la anciana.
La
sonreí feliz, y luego miré a mi prometido. Edward me estaba observando
con brillo en sus ojos, y me estrechó mas entre sus brazos. Giré la
vista a la anciana y ésta nos miraba con una sonrisa en el rostro
-Como
decía, una pareja adorable- dijo para si misma aunque la oímos
perfectamente. Meneó la cabeza, como si quisiese borrar algo que
pensaba- Miren, apóyense en ese muro que da al mar- nos sugirió
Giré
la cabeza y asentí. Ese era un buen lugar para una foto. Sentí como una
brisa empezaba a venir del Mediterráneo, y como sería algo anormal que
no sintiera frío, me puse el abrigo que me había traído
Edward me cogió la mano y nos condujo a donde la anciana había indicado.
-Perfecto. Ahora sonrían
Miré a Edward y le susurré por lo bajo-Edward, ¿recuerdas cuando Emmett corrió en calzoncillos por el pueblo cantando?
Inmediatamente
nos empezamos a reír, y no pude evitar acercarme a Edward. Sentí como
un flash nos iluminaba y luego de parte de la anciana salía una pequeña
risa
-Ha quedado perfecto- se nos acercó y nos dio la cámara- Que disfruten de Barcelona
-Gracias- dijimos a la vez y vimos como se alejaba
-Es una mujer muy amable- dije
-La verdad es que si- me dio la mano y me sonrió con su sonrisa torcida
-¿Qué tramas ahora Edward?
-Nada amor. Anda sigamos andando
Estuvimos
un rato andando por la parte de la playa que estaba asfaltada, y por
tanto llena de gente. De repente nos adentramos en una zona llena de
gente ambulante vendiendo gafas, bolsos, colgantes, recuerdos…
-¿Qué es esto?- pregunté maravillada
-Pues son puestos que ponen las personas y que venden individualmente
-Es muy original
-¿Miramos?- se me puso delante y me impidió el paso
-Por que no pero nada de comprar- levanté una ceja
-Claro amor- me envolvió en sus brazos y avanzamos entre el gentío
Todo
era tan…¡rustico! Me encantaba. A lo lejos vi un puesto en que estaba
una mujer algo mayor. Pero lo que me llamo la atención no fui la mujer,
si no lo que vendía. En la mesa había millares de piedras de diversos
colores y tamaños. Pero, lo que más me gustó fue una que era de color
azul en forma de corazón
-Mira Edward- le señalé.
Él estiró el cuello y sonrió al ver a que me refería
-Vamos- atravesamos las personas sin dificultad y llegamos hasta la mujer.
Ahora
que me fijaba era algo así como una pitonisa. Estaba vestida con el
típico turbante y con colores morados. Ésta al vernos nos miró
fijamente, y noté como Edward se tensaba
-Hola…- dijo con voz alargada
-Hola- dije algo desconfiada. ¿Qué habría pensado esa mujer para poner así a mi prometido?
-¿Desean algo?- sonrió de una forma que no me agradó del todo
-Si.
Me gustaría ver esa piedra que tiene hay. La azul en forma de corazón-
la mujer me miró detenidamente y luego asintió. Cogió la piedra y se la
puso delante de la nariz y la ¿olió?
-Tome- cogí rápidamente la piedra y la miré algo asustada.
Me giré hacia Edward pero él seguía mirando a la mujer
-Edward- lo llamé. Él se sobresaltó y me miro
-¿Si?
-Sucede algo ¿verdad?- le susurré
-Es esa mujer… creo que tiene idea de lo que somos
-¿¡Cómo!-dije alarmada
-No
ando muy seguro. No lo sabe ciertamente y ella lo llama como criaturas
de las sombras pero creo que si sospecha. Debe de provenir de alguna de
las tribus del centro de América
Miré a la mujer, la cual
nos miraba con una sonrisa en la cara. Miré la piedra y se la pasé a
Edward. Pero cuando, durante un segundo, los dos tocamos la piedra, esta
brilló como una estrella
-¿Pero...cómo?- dije asombrada
Me giré rápidamente a la pitonisa y esta se estaba riendo por lo bajo
-Que interesante…
Me acerqué a ella despacio
-¿Qué ha sido eso?
-Nada. Es solo una piedra que he embrujado- la miré levantando una ceja
-¿Embrujado?-dije incrédula
Edward se me acercó y me rodeó con los brazos
-Si, un simple hechizo. Nada de lo que debas temer aunque según sé vosotros no debéis temer a nada…
-¿Qué clase de hechizo?- preguntó Edward
-¿Y a qué se refiere con vosotros?- pregunté yo
-Fácil.
El hechizo te muestra que si dos personas tocan la piedra y esta brilla
significa que es amor verdadero lo que comparten. Y a lo de vosotros,
bueno, simplemente es que sé lo que sois
-¿P- com-?
-Los de mi tribu llevamos buscándoos durante siglos pero ahora, siento deciros que me tengo que marchar
De repente apareció una nube de polvo y cuando esta se hubo disipado la mujer ya no estaba
-¡Se ha ido!- dije yo
-Si pero creo que no nos ha cobrado la piedra
Miré hacia mi mano y, si, hay estaba
-Que rara era esa mujer
-Ya te digo cariño pero, lo bueno es que sabemos que lo nuestro es amor verdadero
-Yo ya lo sabía antes de que esa mujer nos lo dijera amor- le sonreí maliciosa
-Y yo, pero es bueno cerciorarse- me rodeó con sus brazos y me besó
Le correspondí gustosa y me olvidé de esa misteriosa mujer. Ahora todo mi mundo eran sus labios
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