Pov. Bella
Lunes 17 de Febrero del 2010, Barcelona
Después
de que esa extraña pitonisa se marchara, Edward y yo continuamos
andando por las calles de la playa. Agarrados de la mano fuimos pasando
todos los puestos de ventas ambulantes que vimos, pero no nos detuvimos
en ninguno. ¿Para qué comprar? Los humanos siempre con la necesidad de
gastar dinero y no ahorrar para lo que el futuro les preparaba. Solo
pensar en el presente, solo el presente
De repente, vi un puesto
que me gustaba extremadamente. Solté la mano de Edward y como si de un
imán se tratase me acerqué a la pequeña tienda. Sentí como Edward me
seguía pero no me giré a verlo, mi mirada estaba posada en ese lugar,
ese maravilloso vestido.
Cuando llegué al puesto, me sorprendí de
que todo lo que se vendiera fueran prendas elegantes de vestir. Pero lo
que me tenía hechizada era un precioso vestido blanco, sin mangas y tan
corto que iba más allá de mis rodillas. En el pecho de este estaban una
especie de piedras preciosas negras, que relucían como estrellas.
-Edward…es maravilloso- dije en un susurro aun hechizada
Lo toqué y me maravillé de que una prenda humana fuera tan suave y agradable.
-Y te quedaría de fábula- me susurró al oído a la vez de que me rodeaba la cintura con sus fuertes brazos.
Dejé
caer la cabeza sobre su hombro y miré hacia el cielo. Estaba ya
oscureciendo y pronto los humanos se sumergirían en el sueño. Noté como
Edward me mordía el lóbulo de la oreja haciendo que me estremeciera de
placer. Mi amado se rió ante mi respuesta y me besó tranquilamente mi
cuello descubierto.
-Edward, es un lugar público…- le susurré a la vez que me dejaba llevar por su maravilloso tacto sobre mi piel.
Poco me quedaba antes de que ya no tuviera un pensamiento coherente y, por eso me debía detener. Siempre era yo la sensata
-Por favor…- me suplicó a la vez que posaba una de mis manos en su cuello.
-Dej-... deja por lo me-...menos… que compre el vestido- Edward se rió ante mi voz entrecortada.
-Pero
no tardes, te tengo una sorpresa- al oír esa palabra cualquier chispa
que tuviera se desvaneció y lo miré con los ojos como platos
-¿Sorpresa? ¡Edward Anthony Cullen otra vez no!- me quejé
-Cariño mío, mañana regresamos a Forks. No esperarías que no hubiera una despedida de esta ciudad como se merece ¿no?
-No pero…
-Nada amor. Cómpratelo y te cambias. Luego vamos a la sorpresa- suspiré y le di un beso en sus sabrosos labios.
Luego
me alejé y cogí el vestido. Me sorprendió ver que el dueño de todo esto
fuera una persona de color con esa apariencia de vivir en la calle. A
lo mejor lo había robado...
-Hola nena- dijo con un acento jamaicano
-Hello. Can you receive from me this?- a lo mejor si hablaba inglés dejaría de molestarme
-Claro, son 20 pavos
-Ok, twenty euros- rebusqué entre mi bolso- Here you are
-Gracias guapa- me alejé y Edward me rodeó con sus brazos
-¿No tenía probadores?- me preguntó divertido
-Lo que no tiene es respeto
Estuvimos andando un buen rato hasta que vimos unos baños portátiles
-¡Ah no! No pienso cambiarme en un baño indecente de humanos- me quejé al ver su mirada
-Es
eso cariño o aquí en medio. Yo personalmente prefiero que lo hagas
allí. Tu cuerpo es solo mío y nadie tiene mi permiso para admirarte- me
besó el pelo
Antes de alejarme levanté una ceja divertida y le
rodé los ojos, para después ir al baño portatil. Era incómodo y sucio.
Definitivamente algunos humanos deberían preocuparse más por su higiene.
Al terminar, cuando iba a salir del lavabo sentí que mi móvil vibraba
en mi bolso. Sin mirar quien me llamaba lo cogí
-¿Aló?- pregunté
-¡Hola Bella!- esa voz tan musical no podía ser otra que la de...
-¡Alice! ¡Hola! ¿qué tal tú San Valentín con Jasper?
-Va muy bien. Hoy hemos ido al instituto y todos se han sorprendido al solo vernos a nosotros dos- me reí ante lo simples que eran los humanos
-¿Y qué excusa has puesto?
-Pues
que Rosalie y Emmett estaban expulsados una semana, que si lo piensas
es cierto; que Carlisle y Esme han tenido que volver a nuestro antiguo
hogar a arreglar unos asuntos de la propiedad, cosas como la nueva venta
de la casa; y que tú y Edward os habíais puesto enfermos. Creo que de
esa Gripe A- me reí pero de repente noté que Alice nunca llamaba solo por cortesía
-Alice, ¿a qué se debe esta llamada?
-¡Es
verdad!. Mira, como sabes he tenido una visión de ti con ese precioso
vestido blanco, y te quería decir que para la sorpresa de Edward te
pintes los labios de un pintalabios rojo que te puse en tu bolso y que
te pongas la pulsera que te regalé por tu cumpleaños
-¿Cuál de ellas?
-Emm… ¡la roja!
-De acuerdo Alice pero no entiendo que diferencia habrá si me pinto los labios o no
-Hazme caso, a Edward si le va a importar. Él no lo sabe pero los arreglos que te he hecho sucumbirán
-¿Sucumbir? Alice, ¿qué ha hecho esta vez mi marido? ¿Qué tiene que sucum-?
-Prometido cariño, ya no es tu marido si prometido- me interrumpió como era normal en ella
-Da igual, llevamos juntos 93 años.
-¡Que
si, que pesada puedes llegar a ser! Y no te voy a decir que ha
planeado. Solo te digo que tengo que colgar, Jasper me espera y además,
tengo que arreglar unas cosillas. Por lo que sé tú y Edward volvéis
mañana
-Si pero…- no pude replicar ya que en la otra línea se oían los pitidos de que habían colgado
Bufé
y me miré al espejo del baño. La verdad si que necesitaba algo de
color. Entre el vestido blanco, mi piel blanca como la leche, mi pelo
caoba y mis ojos dorados necesitaba algo de chispa.
Rebusqué
en mi bolso y, como me había dicho Alice, allí dentro encontré el
pintalabios rojo fuego y la pulsera dorada con rubís. Me miré en el
espejo y al terminar de arreglarme, se me ocurrió ponerme un poco de
sombra de ojos, así le daría un toque.
Mi móvil vibro y, al abrirlo me encontré un mensaje ¡Muy bien Bella, no se me había ocurrido!¡ Ya cada vez tienes mejor estilo! Alice XOXO
Sonreí
para mi, y me puse sombra de ojos negra, no muy fuerte pero dándome un
toque especial. Al terminar, como esta prenda era algo ligera me puse el
abrigo encima. Lo único que lamentaba era que Edward no me viese con el
vestido.
Salí del baño y, al no verlo delante de él esperándome me preocupé. ¿Dónde podía estar?
Al
saberme su aroma de memoria, hasta mejor que el mío propio, no me fue
difícil rastrearlo. Estaba por una zona detrás del baño portátil.
Me
giré y dejé atrás el baño. Lo que vi me hizo convertir mis ojos de un
color negro y que mi lado vampiro surgiera de nuevo en mi. ¡Mi pobre y
maravilloso vampiro estaba rodeado de quinceañeras atosigándole a más no
poder! Como una bala, fui atravesando el gentío de personas que andaban
por las calles de Barcelona y llegué a donde estaba el pómulo. Mi pobre
Edward estaba tan nervioso por como zafarse de las niñas que ni se
percató de mi presencia
Me fui abriendo paso, si hacia falta a
codazos, entre las quinceañeras desesperadas por llegar a él. Cuando
estuve a su altura, Edward me vio y suspiró agradecido.
Las
mujeres al verme primero me evaluaron y, al ver como Edward me rodeaba
por la cintura retrocedieron un paso, horrorizadas. Y si su cara no era
suficiente al ver a su "hombre" abrazando a otra, si que empeoró al ver
mi belleza deslumbrante
-Perdonad chicas pero este hombre ya está cogido- dije para todas.
Más
de una me miró con odio y por lo bajo soltó blasfemias que pude oír. Y,
como Edward muchas veces no era oportuno, me beso dulcemente la mejilla
para luego darme un leve beso en los labios. Fue un beso leve pero
estaba cargado de amor, y lo más importante, de desilusión para las
quinceañeras.
Como si de una carrera se tratase, salieron con la
cabeza gacha de allí dejándonos por fin solos. Me giré hacia mi vampiro
favorito y le rodeé el cuello con mis brazos, aunque para ello tuve que
ponerme de puntillas. Pero Edward tan caballeroso me cogió por la
cintura, elevándome, y me depositó en el muro para que me sentara.
Cuando ya estuve a su altura no pude evitar reírme al ver a lo lejos a
alguna que otra mirándonos con odio, pero los besos que me daba mi
prometido en el cuello me volvieron a él.
Su tacto era tan real y
maravilloso. Definitivamente daba igual donde estuviera, siempre que
Edward estuviera a mi lado estaría en casa.
-Venga mi amor, te tengo ya la sorpresa- me susurró sensualmente en el oído
-¿A
sí?- dije en un tono lo más sexy que pude. Edward se estremeció y me
hizo reírme- y dime, ¿por qué mi prometido estaba rodeado de
quinceañeras?- le miré con la ceja alzada
-Eso te lo explicaré más
tarde. Ahora prefiero continuar con lo que había planeado y, así poder
ver tu precioso vestido. Y que sepas que ese color rojo llama en tus
labios me está volviendo loco- nota mental, agradecerle a Alice por lo del pintalabios
-Pues tendré que ponérmelo más a menudo, si es este el resultado que tiene…- Edward rodó los ojos y me bajó de nuevo al suelo.
Entrelazó nuestros dedos y fuimos dejando atrás a las personas, cada vez hiendo más lejos del paso humano
-¿A dónde me llevas?- pregunté al fin
-Calla mi amor, que pronto llegamos- bajó la vista y por ningún lado había humanos- ¿quieres que corramos mejor?
-Mucho mejor- aún cogidos de la mano corrimos por fin a nuestra velocidad y en apenas 1 minuto Edward me hizo detenerme
Delante
de nosotros estaba una playa desértica, y estaba todo iluminado con
unas preciosas luches colgando agarradas de los árboles y dándole un
toque de lo más romántico. En las esquinas había antorchas del tipo
hawaiana. Entre los dos primeros árboles había una preciosa hamaca y a
lo lejos vi un piano en una esquina. En el medio de toda esta maravilla
había una mesa redonda con un mantel que encima de él se encontraban dos
vasos de sangre.
-¿Te gusta mi amor?- me susurró Edward.
Sentí
sus brazo derecho rodearme mi cintura atrayéndome a él y con su mano
izquierda acariciándome por debajo del mentón. Solo pude ronronear de
puro placer, y echar para atrás mi cabeza en un movimiento muy sensual.
Edward gruñó de pura excitación y me besó lentamente los hombros,
dejando lamiéndome con sensualidad mis hombros
-No sabes cuanto- dije con la voz ronca.
Mi
voz pareció encender la llama en Edward ya que me giró sobre mi misma y
trasladó sus labios a los míos. Los dos teníamos hambre de nuestro
amado y por ello nuestros besos eran fuertes, intensos, poderosos y
cargados del más puro amor. Sentí como deseaba besarlo con la pasión más
intensa que existiera, y Edward me respondió igual. Enredé mis manos en
su cabello y juntamos nuestras lenguas en el beso más desesperado y
salvaje de la historia.
Sentí como Edward, contra su voluntad se
iba separando de mi. Nuestros rostros estaban a un centímetro en cual en
estos momentos eran el mismo infierno. ¿Por qué se había alejado de mi?
¿No le gustaba?
-¿Por qué?- pregunté con voz ahogada. Su rechazo era algo que me estaba perforando el pecho
-Bella-
susurró mi amado y pude ver como en su cara se tintaba la vergüenza y
el sufrimiento- mi dulce Bella. Por favor, no pienses mal de mi- me
estrechó entre sus brazos y yo coloqué mi cabeza en su pecho- sabes que
tus labios y tu cuerpo son lo más tentador para mi amor mío, desde la
primera vez que los probé. Pero me gustaría que disfrutáramos de esto.
Sé que lo que más deseas en estos momentos es nuestros cuerpos juntos,
como uno solo, y yo también pero ya verás como lo que va a pasar ahora
también te gustará
Lo miré directamente, y cuando iba a replicar
Edward me aprisionó con sus hermosos ojos dorados. De acuerdo. Dejaría
que lo hiciéramos a su manera
-Vale…-dije finalmente.
Edward
me deleitó con su sonrisa torcida y me besó dulcemente la frente. Gruñí
de placer pero sentí como Edward me cogía de la mano y me conducía a la
mesa con los vasos de sangre
-¿Y esto?- pregunté divertida. Solo a Edward se le ocurriría hacer ver que la sangre de animal era vino
-Nada,
tú tan solo bebe mi amor mío- el sentir a Edward hablarme tan cerca del
oído, con su voz cada vez más sensual era irresistible.
Era un
infierno tenerlo tan cerca y a la vez tan lejos. Tenerlo a mi lado pero
sin poder besarlo porque el deseaba esperar era el peor castigo de todos
pero lo resistiría por él. Para poder cesar mis pensamientos cogí la
copa de sangre y Edward me imitó.
Me la llevé a la nariz y aspiré
su aroma. Por el delicioso aroma sería una presa de la región, algún
lince o oso ibérico. Mi cabeza en el mismo instante que sintió el dulce
sabor animal se concentró en ello pero al abrir los ojos vi como Edward
me miraba sonriente
-¿Brindamos?- preguntó con picardía
Yo solo pude acercar mi copa y chocarla contra la suya
-Por el marido más maravilloso del mundo y que siempre amaré- brindé
-Y por la esposa más dulce y amorosa de toda la eternidad. Te amo mi amor- brindó mi dulce Edward
No
lo resistí y de un sorbo la sangre se adentró por mi garganta. Saboreé
gustosa el dulce néctar y terminé por sonreírle agradecida a mi dulce
esposo
-Bella, amor, me encantaría ver como te queda ese precioso vestido- me susurró sensualmente en mi cuello
Me
miró detenidamente el lugar por donde debería correr sangre si fuera
humana, y como si la sangre de mi cuerpo fuera lo que más le atraerá
posó sus labios en mi cuello y me lo mordió. No sentí el dolor que
hubiera sentido de haber sido humana pero si sentí un inmenso placer
correr por todo mi cuerpo. Arqueé sin darme cuenta mi cuerpo y Edward me
agarró por la espalda, haciendo que nuestros cuerpos no estuvieran
separados ni un milímetro.
Ahora era mi turno de hacerse de rogar.
Me separé de él y este me gruñó instintivamente. Yo solo me pude reír y
acariciarle su enojado rostro
-Tú querías que me quitara el abrigo ¿no?- Edward proliferó un sordo gruñido que me llenó de amor
Él pobre deseada estar junto a mi pero él ya me lo había hecho pasar. Ojo por ojo.
Me
alejé de él, hasta el punto que lo perdí de vista. Me desabroché el
abrigo y me eché una mirada. Sonreí triunfante al ver lo sexy y sensual
que me veía con el vestido. También me deshice de los zapatos y lo dejé
todo a un lado. Tomé aire innecesario y volví con mi amado.
Cuando
llegué a verlo, me lo encontré jugueteando arrodillado dándome la
espalda con algo que había en la arena. Sin hacer ruido me acerqué y
posé mis manos en su cuello. Acerqué mi cabeza a uno de sus hombros y la
dejé reposar. Vi como se le formaba una sonrisa pícara
-Hola Bella
-Hola Eddy- le susurré alegre
Se
levantó y nos colocó uno enfrente del otro. Su mirada vagó por todo mi
cuerpo y pude ver como empezaba a respirar agitadamente.
-Estas…
-¿Hermosa?- pregunté coqueta
-Más
que eso Bella, mucho más- dijo con voz entrecortada. Ahora si que
tendría que darle las gracias a Alice- Ese vestido… tus labios carmesí…
esa sombra de ojos… tú escultural cuerpo… tú misma… me vuelven loco. No
estas hermosa Bella, no, estas sensual a más no poder- tomé una gran
bocanada de aire
No me esperaba que diera tal resultado.
-¿De verdad?
-Claro
amor, tú siempre estas hermosa pero, con ese vestido, estas tan
sensual… creo que no me voy a poder controlar hasta el final de la
velada
Me acerqué a él y con mis dedos le recorrí todo el cuello,
en un suave roce. Me puse de puntillas y le besé tiernamente el lugar
donde había acariciado con mis dedos.
-Pues no lo hagas…- esas simples 4 palabras lo encendieron por completo.
Colocó
su mano izquierda en mi cuello, atrayéndome a él, y con su otra mano me
acarició m espalda medio desnuda a causa del atrevido vestido. Yo en
cambio coloqué mi mano izquierda en su bello pelo cobrizo y lo cogí con
fuerza, atrayéndome hacia él. Empecé a gritar de placer al sentirlo
desesperado besándome el cuello, mis hombros, el escote…
Sin que
nos diéramos cuenta caímos al suelo, él encima de mi pero no nos
detuvimos. Seguimos en la misma posición que antes solo que con mi mano
derecha arañaba la húmeda arena bañada por el agua del mar. Las olas
rompían sobre nosotros pero no nos dábamos ni cuenta, yo solo estaba
concentrada en Edward. Al sentir como me alzaba la espalda para besarme
mejor el cuello no pude evitar arquear mi espalda hacia arriba,
dejándome besar desesperada y excitada por Edward
De repente sentí
como unas gotas en vertical caían sobre mi rostro. Abrí los ojos y vi
el cielo que desprendía a sus hijas las gotas de lluvia a la tierra. Y
en menos de un minuto estuvimos bañados por la lluvia del cielo de
Barcelona. A Edward no le parecía importarle el mojarnos, al contrario,
la ropa se nos marcaba más pero a mi no me apetecía desperdiciar el
pobre vestido, me gustaba demasiado.
-Edward…-dije como pude en sus labios-por favor…
Me miró directamente y luego al cielo, un gruñido salió de su pecho y sentí como la ponzona me bañaba la boca de puro placer
-De acuerdo- se levantó y sin dejarme levantarme me cogió en brazos.
Dejé
caer mi cabeza hacia atrás, como si la vida se me estuviera escapando
de las manos y emití un gruñido fuerte, pero un gruñido lleno de amor y
excitación. Deseaba sentirme suya, dentro de él cuanto antes
-Llé…va…me a ca…sa- le supliqué
-Si…- sentí como Edward empezaba a correr, a la velocidad de la luz, atravesando las calles ya en oscuras de Barcelona
Sentí
como Edward me colocaba más cómodamente para escalar el hotel, ya que
no vi nada porque tenía los ojos cerrados para así canalizar todo mi
amor en tranquilizarme. Edward abrió las puertas de cristal de la
terraza y atravesó las habitaciones. Llegamos al dormitorio y me dejó en
el suelo pero yo no solté su cuello, lo tenía sujeto.
Me deje
caer en la cama, arrastrando a Edward conmigo, rodamos sobre el colchón,
enredándonos en el edredón. Él, ágilmente me despojo de el vestido de
botones pero la pendra no tuvo buena suerte entre las manos de mi
esposo, los botones salieron disparados en todas direcciones. Y mi torso
quedo al descubierto, le quite como pude, entre besos y caricias la
chaqueta y camisa que llevaba, su pecho, de David, quedo al libre
alcance de mis manos.
Edward mordió con ligereza mi labio
inferior, para luego dirigir su boca a mi mandíbula. Un gemido salió
disparado de mi boca, fundiéndose con el gruñido gutural que Edward
acababa de soltar. Sus labios parecían reclamar mis besos, mientras sus
manos recorrían mi cintura, mis piernas y mi abdomen con delicadeza,
como si aun pudiese romperme. Colocó un brazo suave detrás de mi
espalda, separándola de la cama y obligándome a incorporar mi torso. Mis
manos apretaban con fuerza su cuello, intentando evitar la separación.
Para mi suerte, Edward se separó solo lo suficiente para mirarme a los
ojos, mientras me rodeaba con sus brazos musculosos y besaba el hueco de
mi clavícula. Me estremecí aún más. Las sensaciones que él era capaz de
producirme eran simplemente indescriptibles. Mi respiración
entrecortada señalaba que no resistiría mucho tiempo más sin besarle. Me
dedicó una sonrisa perfecta y una mirada juguetona, mientras sus manos
se detenían justo en el punto donde estaba el broche del corpiño azul
marino. Lo besé con frenesí, mientras sentía como se deshacía la presión
que el corpiño ejercía en mi pecho.
-Eres simplemente perfecta Bella… perfecta- sus palabras salieron entre besos, dificultosas.
Sonríe
al verle a los ojos y me abalancé hacia él, nuevamente. Mis labios se
apoderaron de los suyos con violencia y pasión desmedida. Nuestras
lenguas se entrelazaban pidiendo fundirse en una sola. Sentía el tacto
sedoso de su piel contra la mía por doquier. Despacio, bajó sus manos,
tan suaves a mi piel, por mi cintura y mis muslos, deteniéndose sobre la
tira azul que contrastaba con mi piel. Con suavidad y delicadeza
deslizó la prenda por mis piernas, hasta quitarla, dejando mi cuerpo
completamente desnudo. Nos fundimos en un abrazo infinito. Era
completamente suya, cada centímetro de mi cuerpo le pertenecía y él era
completamente mío.
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